Democracia arrodillada

Democracia arrodillada

Junio 20, 2015 - 12:00 a.m. Por: Rafael Rodríguez Jaraba

Colombia debe rechazar de manera frontal y contundente el embeleco de incautos y criminales de convocar una Asamblea Nacional Constituyente. No rechazarlo es complacer y premiar la barbarie, arrodillar nuestras débiles instituciones y perder lo que nos queda de dignidad.La Nación no puede perder su vocación democrática y postrarse al querer de un gobernante obsesionado por conseguir a cualquier costo un galardón de paz. Antes que ambientar la paz, Santos está legitimando la violencia y promoviendo la anarquía y el caos. Colombia avanza dócilmente al desfiladero.Si alguien merece respeto y reconocimiento son los jueces y los fiscales. No en vano en las sociedades civilizadas, los maestros, los jueces y los soldados son los ciudadanos más respetados y apreciados; necesitamos que en Colombia también lo sean.Pero ante los vergonzosos hechos acaecidos en la Fiscalía, no se puede menos que decir que el señor Fiscal perdió la mesura y que su conducta propia de un político en campaña debilita la autoridad del Estado.No siendo poca la improcedencia de sus actuaciones, ha propuesto que quienes sean condenados por genocidio y delitos de lesa humanidad, puedan participar en política y hagan parte de una Constituyente. Tamaño desvarío, además de quebrantar el Estatuto de Roma, estimula la violencia, ofende a la nación y provoca su airado repudio.Al parecer, el Fiscal también aspira al Nobel de Paz, y para hacer visible su pretensión, no tiene reparo en proponer que se violente la legalidad y en propiciar condiciones que permitan premiar criminales y burlar inocentes.La gestión del Fiscal ha sido una constante suma de yerros y desaciertos, que inflige grave daño a la democracia y devela participación en política. El Fiscal debería renunciar para sumarse a las filas políticas de las Farc y no seguir comprometiendo con sus falaces ocurrencias la autoridad de una institución cardinal para la democracia como es la Fiscalía.Entretanto, Santos insiste en decretar la paz a cualquier costo, no para lograrla sino para lucrarse de ella, soñando con una nominación al Nobel de Paz. Y es que ante los resultados nulos de su gobierno, no tiene alternativa distinta a politizarla, dividir al país e intimidarlo con la guerra, ignorando que la paz es un bien anhelado por todos que a nadie le pertenece, y que su logro es el resultado del orden y la justicia, y no de la impunidad.Cada día que transcurre, sin prisa ni pausa, se extingue su Gobierno, y con ello aumenta el riesgo que bajo el apremio del tiempo y la necesidad de culminar su sainete, haga más concesiones y otorgue mayores prebendas a las NarcoFarc. Santos arrodilla la democracia y debilita sus instituciones; premia la anarquía y fortalece la villanía. Al final todos lo lamentaremos.Colofón: La gente le compra al que le vende más barato y le vende al que le compra más caro. Las leyes del mercado no entienden de caridad, nacionalidad o localía. Muchos globafóbicos que odian la inversión extranjera se duelen cuando una empresa internacional se va, sin considerar que nadie trabaja a pérdida y que el abuso de la posición dominante de sectores protegidos, junto a la desmesurada cascada impositiva del actual gobierno las espanta.No siendo poco, al Gobierno prepara una tercera reforma tributaria, e inclusive, una cuarta, solapada reformando el Estatuto Aduanero.Colombia tarda en despertar.

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