Comercio libre pero leal

Octubre 13, 2012 - 12:00 a.m. Por: Rafael Rodríguez Jaraba

El libre comercio reduce los precios, incrementa la demanda, aumenta el poder adquisitivo, estimula la competencia, mejora la calidad, democratiza el mercado y desalienta la inflación.Pero una liberalización súbita, aunque favorezca a todos, puede afectar a algunos sectores de la industria nacional por no estar preparados para una competencia abierta.En todo caso, el libre comercio debe ser leal, y de no serlo, no se debe permitir la importación de productos con precios predatorios fruto de dumping económico, ambiental o social, o de defecciones que constituyan competencia desleal para la industria nacional. Recordemos que la liberación del comercio no es absoluta y que antes por el contrario, su gradualidad comporta cuatro modelos:El primero llamado Autarquía, que salvo contadas excepciones, prohíbe toda importación.El segundo llamado Apertura Económica, de tan mala recordación en Colombia que tolera la importación de todo tipo de bienes que produce o no el país, sin o con un reducido pago de arancel.El tercero denominado Apertura Selectiva, que mediante el pago o no, de un moderado arancel, permite la importación de bienes que no produce el país o cuya producción es insuficiente.El cuarto denominado Liberación Recíproca, que salvo algunas reservas, permite la libre importación de bienes y servicios procedentes de las naciones que suscriben entre sí un tratado, acuerdo o protocolo de libre comercio.Es claro, que para naciones emergentes como Colombia, el modelo adecuado es la Apertura Selectiva, porque no afecta a la industria nacional y sí suple la producción de bienes que no fabrica el país o cuyo volumen de fabricación es deficitario.Pero la adopción de este modelo debe estar condicionado a que la industria nacional no abuse de la protección estatal, y que los precios y la calidad sean competitivos frente a productos iguales o similares que se oferten en el mercado mundial.Pero en Colombia y a espaldas de la población, sucede lo contrario; procesadores encartelizados, abusando de su posición dominante, incurren en colusión al concertar precios mínimos de venta a consumidores y precios máximos de compra a productores; y no satisfechos, demandan del Gobierno cierre de fronteras a las importaciones e intervención en favor de una devaluación que aumente las ganancias de sus exportaciones. De lo anterior dan fe las recurrentes sanciones económicas que les impone el Estado, así como la contradictoria sobreprotección que al mismo tiempo les brinda.Sobrecoge que la protección a estos procesadores abusivos ahora se haya acrecentado gracias al TLC con Estados Unidos, que para ellos más que liberar el comercio lo restringió a sus anchas, y en algunos casos hasta por 19 años.Entretanto, el Gobierno por no tener un criterio claro sobre el modelo que el país debe adoptar para insertarse a la economía mundial y movido por su vanidad mediática, sigue tomando decisiones erradas y repentistas sin evaluar el impacto que generan.Es así como el presidente Santos, sin ponderación alguna, viene propalando la negociación de un TLC con China, nación campeona del dumping y de las mayores defecciones del mercado mundial.Sería francamente inconcebible que los gremios y la opinión pública no se opusieran a este despropósito que aniquilaría a muchas empresas nacionales.Que viva el comercio libre, pero leal.

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