Ayudas a la navegación

Julio 10, 2010 - 12:00 a.m. Por: Rafael Rodríguez Jaraba

Juan Manuel Santos tiene la oportunidad histórica de modificar el rumbo de Colombia. Iniciará su gobierno con abrumador apoyo ciudadano y mayoritario respaldo legislativo, pero necesitará de ciencia, virtud y sabiduría, para promover las reformas estructurales que con urgencia requiere la Nación.El nuevo Presidente debe renunciar al continuismo de un gobierno exitoso en seguridad democrática, aceptable en seguridad económica, desdibujado por la incapacidad manifiesta de algunos de sus funcionarios, y mancillado por inexcusables debilidades éticas.Colombia requiere de un gobierno inclaudicable en el cumplimiento de la ley, inmune al clientelismo, la prebenda y la componenda, que afronte y enfrente con valor la desafiante corrupción que apoltronada en los despachos públicos contamina la Nación entera y socava la credibilidad en las instituciones del Estado.Para llevar a la Nación a puerto seguro no basta derrotar el ‘narcoterrorismo’ y mantener la tenue tendencia favorable de los indicadores macroeconómicos, es mandatorio replantear el modelo económico para darle a la sociedad un nuevo gradiente de equidad, en la que se vivifique la educación, se fortalezca la justicia, se expanda la economía y se mitigue el desempleo.Respetando con celo la propiedad, se debe detener la concentración de la riqueza y mejorar la redistribución del ingreso, asegurando la gobernabilidad y evitando aventuras populistas como las que asolan al hemisferio y cuyos efectos adversos aún son insospechados.Cerrar la brecha es urgente y no da espera, pero hacerlo otorgando subsidios paternalistas que aumenten el endeudamiento, el déficit, y finalmente los impuestos, es inocuo y peligroso. Al contrario, el camino es disminuir impuestos para atraer inversión al sector real, estimular el emprendimiento y avanzar en la formalización del empleo.Si se quiere atraer capitales extranjeros, ensanchar la oferta laboral, aumentar el ingreso, ampliar la demanda y reducir la pobreza, resulta impostergable abolir los impuestos a la nómina, el patrimonio y el consumo básico. El presidente Santos debe estructurar una reforma tributaria que acabe todas las exenciones fiscales, que reduzca y universalice el impuesto de renta, que elimine los aranceles de lo que siendo básico no se produce en el país, que reprima con vigor la evasión, que mejore la eficiencia del recaudo, el gasto y la inversión, y que aumente el IVA a lo suntuario y lo disminuya a lo básico.Una reforma inspirada en equidad que abone a la abultada deuda social, en donde los impuestos sean progresivos y exonerados de su cobro, la canasta familiar, la salud, la educación, la vivienda, el transporte, los servicios públicos domiciliarios y la recreación popular.También debe ser tarea del nuevo mandatario restituir la competencia del mercado financiero, racionalizar las tasas de intermediación, acabar los abusivos cobros de los servicios bancarios, detener la escalada especulativa del sector de la construcción e intervenir los sectores que concertan precios y abusan de la posición dominante.Una tarea tan exigente demanda formidables capacidades, cualidades y virtudes, ojalá el nuevo Presidente las aúne y a su gobierno de ‘unidad nacional’ converjan las mejores inteligencias del país, para que se mantenga la esperanza del progreso.

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