Amanece una nueva esperanza

Enero 09, 2011 - 12:00 a.m. Por: Rafael Rodríguez Jaraba

Es tiempo propicio para evaluar desempeños, logros y balances. También para reflexionar sobre los obstáculos que nos distancian de un mañana mejor. La nostalgia postrera del año y la indulgencia que produce el conformismo, no nos debe inducir a la resignación y menos a la desesperanza.Muchos son los problemas que padecemos e insuficientes los esfuerzos que comprometemos para combatirlos; la mayoría de veces nos ocupamos en combatir sus efectos y no sus causas.Los colombianos seguimos disgregados y sin entender que nada es más importante que la Nación. Necesitamos construir una unidad nacional diversa y pluralista; monolítica, fuerte y solidaria que nos integre en una fraternidad inquebrantable. Ser colombiano, debe ser algo más que nacer o vivir en Colombia.Seguimos sin comprender que el estricto cumplimento de la ley garantiza la libertad; que toda aspiración o acción debe estar subyugada a ella; y que la seguridad nacional y la derrota del terrorismo son un imperativo categórico.Seguimos sin entender que la educación es cimiente de civilización y progreso, y que en ella debe primar la formación más que la información. Requerimos de maestros formadores y no sólo informadores. Necesitamos que la educación sea responsable del comportamiento ciudadano. Necesitamos que en todos los hogares y escuelas de Colombia, la verdad, la lealtad, la honestidad y el respeto por la ley, sean el fundamento de la formación.Seguimos indiferentes ante al desbordado aumento de la población más vulnerable, ignorando que mientras sigan naciendo colombianos sin posibilidades ciertas de progreso no cesará la pobreza. Necesitamos una decidida política educativa, capaz de persuadir una planificación familiar responsable.Nos mantenemos afectos a la prebenda, a la componenda, al privilegio y al favor indebido. Propiciamos y toleramos la corrupción de funcionarios públicos que venden la dignidad, expolian la economía y socavan la confianza. Necesitamos derrotar esta enfermedad nacional que nos envilece y destruye.Seguimos sin entender que progreso es aumento y nivelación de la capacidad de compra de la población; y que las reformas sectoriales privilegian a pocos, perjudican a todos, concentran la riqueza y masifican la pobreza. Necesitamos un nuevo modelo económico que promueva el crecimiento de la demanda, la democratización del crédito, la generación del empleo y una justa redistribución del ingreso.Para soñar con una patria mejor, debemos modificar el presente.COLOFÓN. La crudeza del invierno desnuda la pobreza y devela la responsabilidad de los alcaldes que permitieron, y siguen permitiendo, invasiones y urbanizaciones en zonas de alto riesgo.En Cali, la invasión de sus laderas día a día aumenta. La tolerancia de la Administración frente a estos asentamientos es evidente y, en parte, explica sus logros políticos y electorales. La ciudad ha tenido suerte de no haber sufrido una tragedia mayor.P.D. Feliz Año para mis lectores y mi sentimiento de solidaridad con todos los afectados por el invierno. Que el 2011 sea el amanecer de una nueva esperanza.

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