Abusivas tasas de interés

Abusivas tasas de interés

Mayo 06, 2013 - 12:00 a.m. Por: Rafael Rodríguez Jaraba

Es inaceptable que el Banco de la República venga reduciendo la Tasa de Intervención a la que presta a los bancos y estos, de manera cínica y desvergonzada, aumenten las tasas de interés.Que nadie se confunda creyendo en la reducción de intereses en los créditos de vivienda, pues la disminución la asumirá el Estado, lo que es tanto como decir que todos pagaremos intereses a los bancos.En Colombia el mercado financiero está desbordado; pero el Gobierno por temor a mostrarse intervencionista no lo admite y ha terminado siendo complaciente con los abusos.La tolerancia estatal acostumbró al ciudadano al sometimiento y la resignación. Baste recordar los despropósitos del sistema Upac, o peor aún, el origen del impuesto del 4x1000, cuando el Estado en cambio de castigar a los bancos por incurrir en malos manejos, castigó a toda la población.Es claro que el tecnicismo y la complejidad de las normas financieras desafía la comprensión de la población, lo que explica su conformismo e indefensión; es claro que la mayoría de contratos financieros son asimétricos, lo que habitúa a los usuarios a la vejación y explica la poca resistencia ante el atropello.El Estatuto Orgánico del Sistema Financiero es un frondoso compendio de retazos normativos, en el que se regula en favor de las instituciones financieras olvidando que es el usuario el motivo y razón de su vigencia. Sobrecoge que en tan intrincado reglamento tan solo se dedique un raquítico artículo a la democratización del crédito, palanca y motor de progreso en las economías sanas.Desde hace años venimos proponiendo que de haber algún día un nuevo régimen financiero, este debe establecer como premisa que el DTF sea la base de cálculo de todas las tasas, y a partir de él se fije un tope máximo a las tasas remuneratoria, moratoria y de usura.Es inaceptable que en la actualidad la base de cálculo de las tasas la fijen los bancos a través del Interés Bancario Corriente (IBC), el que es igual al promedio ponderado de las tasas que cobran.Es evidente que el actual Gobierno no está interesado en corregir las graves fallas que aquejan el mercado financiero; ni dispuesto a reconocer que su actual estructura es dañosa y solo buena para concentrar la riqueza en pocos a costa del expolio de todos.Tampoco el actual Gobierno ha dado testimonio de tener capacidades para estructurar un nuevo modelo económico y menos aún de querer exponerse a la reprobación de los banqueros en momentos que necesita de su apoyo para satisfacer su prurito reeleccionista.Ante tan desalentador panorama, y de haber reelección, la nación tendrá que esperar varios años para instrumentar una reforma que restituya la justicia al mercado y genere expansión económica y progreso social, máxime si para lograrlo se requiere de un estadista inmune a la vanidad, el halago y las encuestas.El presidente Santos malogró la oportunidad de articular las reformas que requiere Colombia. Por cultivar su imagen sacrificó lo estructural y de nada le sirvió haber sido elegido por abrumadora mayoría y disponer de un Congreso dócil y obsecuente; así lo evidencian las fallidas reformas a la Educación y Justicia, y la improvisada reforma Tributaria, sin hablar de las que estáen suspenso: a la Salud, Pensional, Carcelaria y Aduanera.

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