Y sin esa platica, ¿qué?

Y sin esa platica, ¿qué?

Febrero 23, 2014 - 12:00 a.m. Por: Rafael Nieto Loaiza

¿Cuál debería ser la actitud de un país frente a una industria que produce el 80% de todo su presupuesto de inversión? ¿Cuál con una que representa el 17% de las exportaciones nacionales y que aporta el 2% del PIB? En valores absolutos: ¿Cuál debería la actitud frente a una industria en la que solo sus diez empresas más grandes gastan anualmente 69.470 millones de pesos en programas de responsabilidad social y 91.406 millones en gestión ambiental responsable? ¿Con uno que compra cada año 5.25 billones de pesos a proveedores nacionales? ¿Que exporta 9.720 millones de dólares en el 2013 y había exportado 12.193 millones en el 2012? ¿Con uno que entrega, solo en regalías, dos billones de pesos anuales, a lo que habría que agregar lo que paga en impuestos de todo tipo? ¿Y que genera centenares de miles de empleos formales y mejor remunerados que el promedio general?La respuesta debería ser obvia: un respaldo fundamental y decidido a esa industria por lo que aporta al nivel y la calidad de vida de todos los ciudadanos. Pero este país del realismo mágico, eso no ocurre. En una gran encuesta en 70 municipios del país, realizada hace pocos días por el Centro Nacional de Consultoría, esa industria que genera tanta riqueza, la minería, es considerada por la población como la menos importante para el país, apenas por encima del turismo, y por debajo de todos los demás sectores. Lo mismo ocurre cuando se pregunta sobre los sectores que más contribuyen al desarrollo nacional o el empleo.En los municipios mineros, sin embargo, la minería es el segundo sector más importante para el país y su crecimiento y el tercero en generación de empleo. Y, por supuesto, es el que más aporta a las comunidades donde opera. Con todo, para sorpresa de los enemigos acérrimos de la minería, el 78% de los colombianos cree que la minería bien hecha trae desarrollo a las regiones donde opera, el 77% que es posible hacer minería amigable con el medio ambiente y el 73% una socialmente responsable. No hay pues, como se podría creer, un rechazo ciudadano a la actividad minera. Por el contrario, la gente valora todo su potencial.Los retos, sin embargo, son muchos. En los dos últimos años los precios del carbón han caído un 38%, los del níquel un 45% y los del oro un 8.5%. El régimen de regalías enajenó buena parte del apoyo a la minería en los departamentos y municipios productores, que asumen los costos y no reciben suficientes beneficios, los procesos de consulta previa son casi imposibles, las reglas de juego no son claras ni permanecen en el tiempo, falta coordinación entre los ministerios involucrados, y aun no hay Conpes minero, por cuatro años prometido. Como resultado, las empresas mineras redujeron sus inversiones en cerca de un 42% en los dos últimos años. En cifras absolutas, el país dejó de ingresar alrededor de 7.500 millones de dólares. Y hace un lustro no hay ningún nuevo gran proyecto minero. Los ingresos de la minería están lejísimos de estar garantizados. Y si no nos movemos rápido, es posible que se pierda el cuarto de hora para las nuevas inversiones.Una reflexión final: tanto en los municipios mineros como entre la población en general, la mayor preocupación es el impacto medio ambiental. Está probado que es posible hacer minería medio ambientalmente sostenible y responsable. Hay múltiples ejemplos en Colombia y pruebas inequívocas en Canadá, Australia y Chile, por ejemplo. Ese es el reto real y reputacional de la minería.

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