Venezuela y la Cancillería

Agosto 30, 2015 - 12:00 a.m. Por: Rafael Nieto Loaiza

¿Qué motivó a Maduro a cerrar la frontera en el Táchira? Tres son las posibles explicaciones y no riñen entre ellas. Las elecciones de diciembre son la primera. Todas las encuestas muestran que el chavismo perderá de manera abrumadora y que sería insuficiente el fraude electrónico usual. Maduro buscaría distraer a la opinión de los desastres internos, despertar sentimientos nacionalistas y aglutinar a la opinión frente a un enemigo externo. En esa hipótesis, extendería en el espacio y el tiempo el estado de excepción para no hacer las elecciones en todo o en parte del territorio, empezando por Táchira. Para nosotros el riesgo más grave sería el escalamiento de la confrontación. Habrá que estar preparados y evitar una provocación dirigida a buscar un enfrentamiento militar con nosotros. La segunda es una pugna entre el cartel de los soles, de militares venezolanos, y el de los comisarios, de miembros de la Guardia Nacional, por el control de los negocios criminales en la frontera, narcotráfico y contrabando de gasolina, aun más rentable en esa área. Con la declaración del estado de excepción, los militares colonizarían una zona tradicional de la Guardia. La última sería una retaliación de Maduro por la extradición de Gersaín Viáfara Mina y Óscar Hernando Giraldo, dos narcos con información para impulsar los casos que se mueven en los Estados Unidos contra altos dirigentes chavistas. En cualquier caso, es probable que la arremetida contra los colombianos no hubiera ocurrido sin los antecedentes de incompetencia y tibieza, para decirlo con suavidad, de los funcionarios encargados en la Cancillería colombiana. Una y otra vez, ante las provocaciones de Maduro y compañía, han actuado con debilidad. Ha habido actitud timorata frente a las expropiaciones de empresas colombianas, el no pago de las deudas, la presencia de jefes guerrilleros en territorio venezolano, los decretos para establecer unilateralmente los límites marítimos en el Golfo. Y ni hablar de la complicidad con el abuso de los derechos de la oposición y el pisoteo sistemático de la democracia en el país vecino. Además, las deportaciones se venía sucediendo desde hace semanas, con silencio absoluto de San Carlos. Y ahora la Ministra de Exteriores se atrevió a decir que el problema era de la órbita soberana de Venezuela. Después, en el encuentro de cancilleres, entre inexplicables sonrisas mutuas, ni una palabra sobre la violación de los derechos de los colombianos en Venezuela. Y ni una nota de protesta. La reacción de llamar a consultas al Embajador es solo resultado tardío de calibrar la indignación nacional y de que Maduro ni siquiera le pasa al teléfono a Santos. ¿Cómo es posible, además, que nadie acá ni en la embajada en Caracas advirtiera lo que se venía? No me cansaré de insistir en que la política débil y de apaciguamiento de nuestra Cancillería merece reproche y que hoy estamos cosechando lo que por cuenta de eso hemos sembrado.La Canciller no es la única que merece reproche. Lo de Ernesto Samper es de verdadera vergüenza. Una y otra vez ha defendido el gobierno de Maduro y volvió a hacerlo esta vez, respaldando la tesis de la presencia de “paramilitares” colombianos en Venezuela. ¿Habrá que recordar que la Ministra es samperista y que Santos impulsó la candidatura de éste a Unasur?Y a todas estas, vuelvo a insistir, ¿la Ministra no tiene suficiente trabajo como para que pierda su tiempo en las conversaciones de La Habana?

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