¿Un acto de desesperación?

Abril 03, 2016 - 12:00 a.m. Por: Rafael Nieto Loaiza

¿Un paso adelante para la paz o una medida desesperada del gobierno? ¿Cómo catalogar el lanzamiento de las negociaciones públicas con el ELN? Todos quisiéramos que fuera lo primero, aunque me temo que es lo segundo.No cabe duda de que un acuerdo con las Farc y sin el ELN dejaba cojo el proceso. De hecho, hay información que muestra que, por un lado, el ELN ha empezado a copar espacios que han sido tradicionalmente farianos y, por el otro, unidades de las Farc, que se sienten traicionadas con las negociaciones o que simplemente han decidido continuar en el crimen, se han unido al ELN. Además, la permanencia del ELN en la subversión le proporciona a la izquierda radical un escenario ideal donde las Farc hacen política “dentro de la legalidad” y aprovechan las prebendas y ventajas que Santos les regala en los acuerdos y el ELN la sigue haciendo con fusil y pistola. La combinación perfecta. De manera que sí, la ‘paz’ exige que ambas organizaciones dejen de matar.Pero todo parece indicar que en realidad el asunto con el ELN esta crudísimo y que el lanzamiento de las negociaciones fue prematuro. Las distancias quedaron patentes en el tema del secuestro, por ejemplo. El Presidente dijo que las conversaciones no se iniciarían sino hasta que el ELN no tuviera más secuestrados. Y los comandantes guerrilleros han dicho que no ven problema en liberar soldados que han privado de su libertad, a los que llaman “prisioneros de guerra”, pero que los secuestrados “por motivos políticos, económicos, muchas veces sociales, no lo hemos considerado” (sic). Es decir, podrían pasar meses antes de la “instalación formal” de la mesa.Y entonces, ¿por qué el lanzamiento público de las negociaciones? Al menos por tres razones: una, se había incumplido el ultimátum del 23 de marzo y los diálogos en la Habana está empantanados y con “diferencias importantes” en los puntos de concentración, desarme y refrendación, entre otros (los temas pendientes de los acuerdos anteriores también siguen sin resolverse. Y en ellos hay asuntos esenciales que medirán la magnitud de lo que Santos entregó); dos, los racionamientos eléctricos que se nos pueden venir encima; y tres, la caída abismal de Santos en las encuestas (en la última solo tiene el 13% de aprobación. Es la peor calificación entre todos los presidentes latinoamericanos. Dilma Rousseff incluida. Y también la más baja a la que haya llegado presidente alguno en nuestro país). En esas condiciones la distracción era indispensable: un acto de supervivencia. Se gira la atención del fracaso de la Habana a volver a darle esperanzas a la gente y noticias a los medios.Ahora, como siempre hay cosas inexplicables. Una es que se haya escogido Caracas para lanzar los diálogos. ¿Será que a Santos y a la Canciller se les olvidó que Maduro cerró la frontera, estableció el estado de excepción en el área y ha perseguido y maltratado a los colombianos que viven allá? ¿Y que no para de insultar y acusar de criminales a Pastrana y Uribe, expresidentes de la República? Además, con el lanzamiento en Caracas le dan oxígeno a Maduro, cada día más contra las cuerdas. Y el favor a cambio de nada, porque en la frontera todo sigue igual para nuestros compatriotas, aunque ya no sea noticia en los medios nacionales. De nuevo, para Santos y Holguín todo, incluso la soberanía y la dignidad nacionales, se subordina a la firma de acuerdos con la guerrilla.

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