¡Traidor!

Agosto 26, 2012 - 12:00 a.m. Por: Rafael Nieto Loaiza

Cuando un uniformado se corrompe, su infracción trasciende el delito mismo. Al delinquir, abjura de su institución, engaña a sus compañeros, da la espalda a la confianza ciudadana. Pero cuando para cometer el crimen se alía con los bandidos, el delito es aun peor. Ya no solo viola la ley, sino que ayuda a los que debe combatir. Y si esos bandidos son asesinos y narcotraficantes y amenazan las instituciones, esa alianza es traición a la Patria.Mauricio Santoyo es infame y vil. Merece no solo las penas que se le impongan, sino el desprecio ciudadano. La indignidad del criminal debe ser acompañada por la sanción social.El caso Santoyo es más grave porque los cargos que ejerció posiblemente le permitieron acceder a información clasificada que puso en riesgo la seguridad nacional. No es poca cosa estar a cargo de la protección del Presidente. Y porque su ascenso a general implicó el fracaso de todos los sistemas de control interno, los del Ministerio de Defensa y los de carácter político. Y de casi todo el sistema judicial.Su caso obliga a revisar los métodos de selección que se usan en la Policía para los ascensos de coronel a general. El procedimiento supone que se presenta a la junta de generales una lista de candidatos que, después de establecer responsables de verificar a cada uno de ellos, examina en conjunto a los potenciales generales y les da su aprobación. Para cuando se estudió a Santoyo existían ya acusaciones graves contra él. ¿Se estudiaron o fueron simplemente desechadas? Y la Inspección General de la Policía y la contrainteligencia, ¿qué hicieron? “Soy el responsable del ascenso de Santoyo”, dijo el general Naranjo.Pero no es el único. La lista después pasó al Ministerio de Defensa. ¿Se preocupó el Ministerio por examinar los candidatos propuestos por la junta de generales? ¿Las acusaciones contra Santoyo fueron revisadas? El Ministro de Defensa era Juan Manuel Santos.En la Comisión Segunda del Senado, donde debe darse el visto bueno, el control también falló. Es verdad que es difícil para un parlamentario ir en contravía de lo que propone el Gobierno que, se supone, tiene la información de fondo sobre los oficiales. Pero la función constitucional del Senado no puede ser un mero trámite. Intuyo que lo es. ¿Acaso alguna vez han rechazado propuestas de ascenso?El sistema judicial no sale indemne. La Fiscalía archivó una investigación contra Santoyo y el Consejo de Estado tumbó la sanción que la Procuraduría le había impuesto. Entre una cosa y otra el Coronel siguió su carrera y se asentó en la Casa de Nariño con la responsabilidad, nada menos, de cuidar al Presidente.Ahora la caen duro a Uribe. Pero el expresidente ha dicho, y no ha sido desmentido, que ni como candidato ni como jefe de Estado pidió que le asignaran a Santoyo como jefe de seguridad, que tampoco solicitó su ascenso y que no intervino en absoluto para que se produjera. Y podrá alegar, con razón, que Santoyo fue avalado por el mejor policía del mundo y por quien hoy es Presidente, y que las autoridades judiciales lo exoneraron. El engaño fue general.Es verdad que, además, hay una guerra jurídica contra militares y policías. Uribe debería haber tenido en cuenta las advertencias que se vertieron contra el Policía en su momento. El encargado de la seguridad presidencial no puede estar bajo la menor sospecha. Sus enemigos estarán con la boca hecha agua. Santoyo será su caballito de batalla.

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