Temblorosos

Abril 06, 2014 - 12:00 a.m. Por: Rafael Nieto Loaiza

En Casa de Nariño las alarmas están prendidas. A estas alturas Santos podría no ser reelegido. El Presidente ha cargado con dos graves desafíos electorales. Entre el 65 y el 75% de los ciudadanos, en todas las encuestas, ha manifestado no querer su reelección, y su intención de voto en primera vuelta no ha pasado nunca del 35% y con frecuencia no alcanza el 30%.Pero ha tenido también ventajas muy importantes: la obvia, el enorme poder clientelista y contractual que le da ser presidente en ejercicio. Basta cruzar los nombres de los más untados de mermelada y se verificará la correlación: a más mermelada, más votos. Después, el apoyo incondicional de los grandes medios capitalinos. Por razones que van de la pauta publicitaria a haber congelado el tercer canal de TV., esos medios apoyan a Santos: magnifican las noticias que lo favorecen, endulzan las que no y ponen una campana neumática que busca acallar y minimizar las posiciones de sus opositores. Además, ninguno de sus contrincantes parecía despegar. Como resultado, la inmensa mayoría de la gente estaba convencida de que Santos sería reelegido. La percepción de ser invencible traía dos consecuencias: una, que los parlamentarios que se arriman a quien les asegure burocracia y contratos, apoyaran su candidatura. Otra, sumar los electores a los que les gusta subirse al caballo ganador. Finalmente, Santos jugaba a que si el opositor en segunda vuelta era de la ‘derecha’, la izquierda votaría por él para apoyar los diálogos de La Habana. Y si era de la ”izquierda”, incluso el uribismo lo apoyaría para evitar la llegada a poder de los mamertos.La situación, sin embargo, cambió radicalmente. Primero, la tendencia de las encuestas no solo muestra a Santos bajando en intención de voto, sino que refleja que tanto Zuluaga como Peñalosa suben de manera importante. Faltan además los debates en televisión, en los que Santos es débil sin el omnipresente telepromter. Los demás pueden lucirse, en especial Óscar Iván que es un hábil y estructurado orador. Después, algunas encuestas muestran a Santos perdiendo en segunda vuelta. El apoyo parlamentario a Santos, que en todo caso es más débil en las presidenciales en tanto que los congresistas ya tienen asegurada su curul, se debilitará y se fragmentará. A los conservadores les convendrá mucho más reservarse y después negociar, que quedar endosados a un candidato que podría perder. Y muchos electores se moverían con la ola hacia el nuevo posible ganador. Finalmente, el Presidente ya no tiene el apoyo de algunos sectores de la izquierda, en especial del petrismo, resentido con la destitución del ex alcalde. Además, así como puede haber un ala de izquierda que concluya que es mejor hacer la paz con la centro derecha para asegurar el apoyo general a los acuerdos pactados y su estabilidad en el tiempo, sin duda hay otro que prefiere a Peñalosa tanto por razones ideológicas como porque desconfía de Santos. Peñalosa a su vez ha sido muy hábil al apostarle a una franja independiente y anti partidos, con los nombramientos de Alonso Salazar como jefe de debate y Claudia López como coordinadora programática. Aunque lo de López mete una cuña frente al uribismo, esta no es suficiente como para impedir que el mismo lo apoye si fuera quien se oponga a Santos. Al final el exalcalde jalaría al antisantismo, la centro izquierda y una franja sustantiva de antipolíticos.Ahora sí empezó la campaña. Y en el palacio presidencial les tiemblan las piernas.

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