Sin razón para el optimismo

Sin razón para el optimismo

Enero 03, 2016 - 12:00 a.m. Por: Rafael Nieto Loaiza

2016. Un año decisivo para el futuro de Colombia. Parto del supuesto de que Santos firmará un acuerdo definitivo con las Farc. Ha apostado de tal manera su futuro político, y es tan vanidoso, que hará cualquier cosa por firmar. Su debilidad es absoluta. La guerrilla lo sabe y lo explota. Por eso no ha ganado una sola. En todo ha cedido. Y para rematar, le quitó toda la fuerza a sus negociadores cada vez que han fijado posiciones y las Farc se han atrincherado en las suyas. Sé, por ejemplo, que le sugirieron al Presidente que se levantaran de la mesa si las Farc no aceptaban cárcel, aunque fuera muy poca, para sus crímenes internacionales. Creían que con presión militar en pocos meses la guerrilla aceptaría y el gran escollo quedaría resuelto. El proceso lograría apoyo ciudadano, se cumplirían las exigencias de la Corte Penal Internacional y se aseguraría la sostenibilidad futura del acuerdo. Santos no aceptó y sabemos cómo terminó la cosa: suspendió los bombardeos y después toda operación militar contra las Farc, garantizó que no tendrán cárcel y pactó unas ‘sanciones’ que son una madera de gallo y a las que un 75% de colombianos que oponen, a pesar de la propaganda oficial y la aplanadora de los medios enmermelados. Y como el Gobierno lo sabe, se inventó el engendro tramposo del plebiscito “vinculante” de una única pregunta.Pero vuelvo a los negociadores: en lugar de seguir sus consejos, Santos los desautorizó y nombró una comisión paralela de abogados con la misión de firmar el apartado de ‘justicia’ con las Farc. Después, frente a otro berrinche guerrillero, envió a su hermano Enrique. Las Farc ya saben que los negociadores no deciden y que, cuando ellas se cierran a la banda, Santos hace a un lado a su equipo y envía a alguien con la misión de ceder.En fin, de lo que queda no hay que esperar nada bueno. Los puntos gordos son la concentración de tropas y las armas. De ellas ya dijeron las Farc que no las entregan y que no las destruyen porque no se están rindiendo y son un “símbolo de resistencia”. Tanto en Semana como en El Tiempo, que con frecuencia funcionan como voceros del régimen, ya nos anunciaron que eso “no es un problema”. A mi el asunto semántico me es indiferente. Entrega o dejación, lo importante es que se despojen de ellas, se destruyan o queden en manos de un tercero que garantice que nunca más puedan volver a usarlas. Cualquier solución distinta hará que esta interminable bajada de pantalones de Santos no sea otra cosa que una trágica payasada. Es lo mínimo que esperamos los colombianos. Y de una vez que nos vayan aclarando si el engendro del plebiscito vinculante se hará con las Farc armadas, de manera que los ciudadanos de a pie tengamos sobre nuestras nucas la amenaza extorsiva de que volverán a asesinar en caso de que triunfe el no.Sobre la concentración de tropas ya sabemos que el Gobierno ofrece siete zonas y las Farc quieren setenta, más que los frentes que hoy tienen. No soy optimista. Santos cederá y los militares se limitarán a dejar constancias históricas. Rodríguez Barragán, el comandante general de las FFAA, ha perdido todo asomo de credibilidad y liderazgo interno. Y al general Javier Flórez, jefe de la delegación militar en la mesa de La Habana, le nombraron su hijo viceministro y otra de sus hijas está en posición importante en el gobierno. Este gobierno reparte mermelada en todas partes.

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