¿Revolución?

¿Revolución?

Diciembre 18, 2011 - 12:00 a.m. Por: Rafael Nieto Loaiza

“Revolucionario” fue el calificativo que usó el Ministro del Interior para describir el período legislativo que acaba de terminar. A Vargas Lleras, por carácter e ideología, deberían venirle mal las revoluciones. Pero el Ministro, que ahora parece a ratos inclinarse a la izquierda, quizás por las coqueterías de la reunificación, quizás porque le parecerá de moda en el gobierno liberal de Santos, se ha dejado contaminar por un ambiente periodístico en que se premian los grandes cambios, las “revoluciones”. Para ser franco, a mi las revoluciones en las democracias me vienen mal. Las sediciones sólo se justifican en los regímenes tiránicos, en las dictaduras. Yo soy apenas un tímido reformador. No alcanzo siquiera a promotor de revolcones. Prefiero los cambios institucionales graduales y sólidos y sólo cuando son en verdad necesarios. Las reglas de juego claras y estables, las certezas, la seguridad física y la jurídica, son fundamentales para la convivencia pacífica, para la planeación del futuro, para la iniciativa privada y la inversión.Como sea, nada tuvo de “revolucionario” este período legislativo. Al contrario. Por ahí anda todavía la reforma constitucional del “marco jurídico de paz”, la de Roy Barreras y el Gobierno, que pretendía volver al pasado permitiendo que los miembros de grupos armados responsables de narcotráfico, crímenes de lesa humanidad y de guerra, no tuvieran limitación para ser elegidos congresistas, diputados, concejales, gobernadores o alcaldes. Una iniciativa ciertamente reaccionaria que pretendía eliminar la actual prohibición constitucional de acceder a cargos de elección popular que tienen todos los condenados por delitos comunes. Era el retorno a las políticas nefastas de “perdón y olvido”. Es verdad que después del asesinato de cuatro secuestrados por las Farc quitaron el embuchado, pero el mensaje fue de suspensión, de retiro temporal mientras que se calman las aguas y la gente olvida. Habrá que estar atentos.Tampoco es revolucionaria la reforma a la Justicia. En la conciliación desmontaron una iniciativa que a mi me gustaba, la de un tribunal común de juzgamiento de altos funcionarios. El establecimiento de procedimientos e instituciones únicas de investigación y juzgamiento para parlamentarios y magistrados, la llamada ‘supercorte’, aseguraba el fin del abuso de poder de la sala penal de la Corte Suprema y la posibilidad real de examinar posibles conductas criminales de los magistrados. Con una doble espada de Damocles sobre sus cabezas, la pérdida de investidura en el Consejo de Estado y la privación de la libertad en la Suprema, pretender que lo hagan los congresistas de la Comisión de Acusaciones es una ingenuidad. También me gustaba que se pusiera fin al ‘choque de trenes’ en materia de tutela. Ante el alarido de los magistrados, ellos sí reaccionarios y dispuestos a defender sus privilegios a cualquier costo, los parlamentarios echaron para atrás. Y no se atrevieron tampoco a eliminar el engendro del Consejo Superior de la Judicatura. Habrá que ver qué saldrá de este proyecto de reforma a la Justicia, pero cualquier cosa que sea estará lejos de ser revolucionaria. En fin, estos no deberían ser tiempos para esta reflexiones. Mejor será dedicarlos a disfrutar de la familia y de los amigos. Feliz Navidad para mis pacientes lectores y que el Niño Dios traiga a todos salud y trabajo.

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