Propaganda infame

Junio 08, 2014 - 12:00 a.m. Por: Rafael Nieto Loaiza

Fue ministro de Defensa del “gobierno anterior”, al que ahora culpa de todos los males y al que le debe la Presidencia, aunque ahora denigre del mismo en una prueba más de su proverbial sentido de lealtad y agradecimiento.Ahora pregunta a unos padres si “prestarían un hijo para la guerra”. La propaganda tiene varios mensajes que es indispensable develar. El primero es que invierte la responsabilidad de la violencia y la pone en cabeza de las Fuerzas Militares, con dos graves consecuencias: por un lado, hace aparecer a nuestros soldados como los culpables de “la guerra”; por el otro, exonera a quienes sí son causantes de la violencia, entre ellos los violentos con los que dialoga en La Habana. El segundo es que pone en pie de igualdad en “la guerra” a la Fuerza Pública y a los criminales que cumplen 50 años asesinando. El tercero es que sugiere que en Colombia hay una guerra civil, como si las Farc o el ELN representaran a algo más que un ínfimo número de personas. Aquí hay un conflicto armado, no una guerra, y en ella participan el Estado y la sociedad colombiana, con una Fuerza Pública que los defienden, y unas guerrillas dedicadas al terrorismo y el narcotráfico.El cuarto es que pervierte el sentido de la tarea de las FFMM que no es, como lo pretende la propaganda, “hacer la guerra”, sino usar las armas cuando sea indispensable para defender la soberanía, el territorio, la democracia, y la Constitución y las leyes. La fuerza se usa no por capricho, para “hacer la guerra”, sino por obligación y por necesidad, porque es un deber constitucional y porque las agresiones de los violentos hacen indispensable combatirlos. Nadie conoce mejor el dolor de la violencia que nuestros soldados y policías, asesinados por centenas y que todos los días ofrendan su vida por defender la nuestra. La propaganda, quinto, mancilla el honor de la profesión militar, ofende a los padres que entregan a sus hijos a las FFMM no para “hacer la guerra” sino para defender los derechos y libertades de los ciudadanos frente a los crímenes de los violentos. Por supuesto, la injuria es también a los oficiales, suboficiales y soldados que entraron voluntariamente a las Fuerzas y que decidieron con orgullo ser soldados de Colombia y ahora ven su profesión reducida a “hacer la guerra” a la par de bandidos de todas las calañas.El sexto es atacar el reclutamiento. Si la gente cree que el servicio militar es para “hacer la guerra” y que además, como sugiere la propaganda, semejante cosa debe ser repudiada, se negará a prestar el servicio militar. La capacidad para combatir a los criminales quedará mermada.Por cierto, si se dudaba que el “prestar los hijos para la guerra” se refería al servicio militar, la propuesta del Presidente de proponer su eliminación lo aclara. En lugar de sacar la propaganda al aire ante las reacciones ciudadanas y de los militares en retiro que manifestaron su indignación, decidió huir hacia adelante. Por supuesto, la iniciativa no fue consultada con el Ministerio de Defensa ni con las Fuerzas, es improvisada y no tiene estudios que la soporten.En el Ejército hay 103.596 soldados que prestan servicio militar, el 57,2% del total, y en la Armada 12.236, el 62,2%. ¿Cuánto costaría reemplazarlos por profesionales? ¿O será acaso que Santos va a “contemplar” la propuesta de Petro, su nuevo mejor amigo y aliado político, de incorporar guerrilleros desmovilizados, como si un guerrillero tuviera vocación militar o formación para serlo o los valores éticos para abandonar una vida de actividades criminales y, ahora sí, dedicarse a combatir el crimen y a proteger los ciudadanos? ¿Es Santos el Comandante Supremo de las Fuerzas Militares que necesitamos y nos merecemos?

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