Pronósticos de año nuevo

Pronósticos de año nuevo

Enero 05, 2014 - 12:00 a.m. Por: Rafael Nieto Loaiza

En esta época propicia a los vaticinios, me atrevo a cuatro. No son el resultado del don de la adivinación o de mis facultades de leer el chocolate, las volutas del tabaco o la bola de cristal, o de mis habilidades quirománticas. Como de cuna no me dieron esas dotes, no me queda sino el análisis a partir de los datos y el estudio del carácter de los protagonistas. De manera que, de una vez y de antemano, les pido a mis críticos no ensañarse en demasía con el suscrito si alguno de los pronósticos no llegare a hacerse realidad. Pueden estar tranquilos, ya les daré en este 2014 nuevos motivos para darme palo.El primero de mis augurios es que no habrá revocatoria del Alcalde de Bogotá, convocada para el 2 de marzo. Pero no porque Petro triunfe en esa votación, como soñaría la mamertería nacional. No tengo la menor duda de que a pesar de los puntos que subió con su sanción, serían muchísimos más los votos por sacarlo que los de apoyo. Petro, más allá de su habilidad de transformar su violación de la ley en una persecución política que nunca tuvo lugar, ha sido un alcalde inepto e incompetente. En fin, no habrá revocatoria porque no puede revocarse un alcalde que ya no lo es y para marzo el Procurador habrá confirmado la sanción a Petro. La infracción de la ley cometida por el exguerrillero del Eme fue manifiesta, advertida y a conciencia y a Ordóñez no le queda camino distinto a ratificar lo hecho por su Delegado. El segundo es que las Farc no firmarán un acuerdo definitivo con el Gobierno, pero si uno parcial sobre narcotráfico, antes de las elecciones parlamentarias. Lo harán con los propósitos de impulsar los candidatos al Congreso de la coalición de Santos y, sobretodo, de tratar de parar las listas del uribismo. Las Farc y la Casa de Nariño ven con mucha preocupación una presencia masiva de uribistas en el nuevo Congreso y prefieren parlamentarios mansitos y dóciles con el Gobierno a punta de mermelada. Saben que los uribistas se convertirán en un obstáculo para sus metas de conseguir impunidad para los delitos atroces de las Farc y de desmontar la norma constitucional que hoy impiden que quienes los cometan accedan a cargos de elección popular. El tercero es que el Gobierno no dará ninguna respuesta a la denuncia sobre los miles de nombramientos, contratos y auxilios ofrecidos a los congresistas de la coalición de Gobierno para asegurar su apoyo a la reelección. La Casa de Nariño, que no ha desmentido, está jugando a que se diluya entre las fiestas de fin de año y la campana neumática que los grandes medios nacionales le han aplicado. Los documentos de Macías, que tendrían origen en computadores del Palacio Presidencial, dicen que la Casa de Nariño adjudicó 597 contratos, hizo 1.968 nombramientos y entregó 2,5 billones de pesos a parlamentarios oficialistas a cambio de su apoyo para la reelección. Y aquí nadie, ni la Fiscalía, dice nada Por último, Santos, a pesar de todo, gana su reelección. No por méritos, que tiene pocos, sino por inercia. Por un lado, porque la candidatura de OI Zuluaga, a pesar de sus cualidades, no despega. Lo demás, en la izquierda o en la famosa tercería, no va a ninguna parte. Por el otro, porque Santos juega con la ventaja de que en una segunda vuelta el uribismo lo apoyaría, aunque sea tapándose las narices, si el otro candidato es de izquierda, y si es Zuluaga, la mamertería votaría a Santos para evitar el regreso del uribismo. Así estamos.

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