Por un congreso democrático

Por un congreso democrático

Marzo 09, 2014 - 12:00 a.m. Por: Rafael Nieto Loaiza

Es verdad que toda elección es “histórica” a su manera, aunque algunas lo sean más que otras. Ocurre que a veces las circunstancias son tan excepcionales que lo que se vota tiene un valor aún mayor. Ésta en una de esas ocasiones.Para empezar, porque si Santos fuera reelegido sería indispensable contar con un grupo parlamentario fuerte y cohesionado que se oponga a la mermelada y que, con la fuerza de su independencia y de su coherencia doctrinal, haga control político al Gobierno y desarrolle los debates que son indispensables en una democracia sana.Después, porque si salimos de este nubarrón de mal gobierno que hemos sufrido, es necesario tener una base estructurada de congresistas sobre la que se pueda construir una mínima coalición legislativa e impulsar la agenda del nuevo Gobierno.Tercero, porque las tareas que enfrentará el próximo Congreso no serán las usuales sino unas extraordinarias. Por ejemplo, tendrá que tomar decisiones legislativas fundamentales sobre lo que se acuerde con las Farc. Más allá de la mala leche de acusar a los críticos del proceso de “enemigos de la paz”, la verdad es que todos la queremos excepto, por supuesto, los violentos y quienes se lucran de la guerra. Pero algunos creemos que hay que elegir parlamentarios que a) se opongan a que haya impunidad de los crímenes de guerra y de lesa humanidad y a que los responsables no paguen cárcel por ellos; b) no estén dispuestos a que esos criminales puedan ser candidatos a cargos de elección popular; c) se opongan a que se favorezca a los bandidos con curules directas o circunscripciones electorales especiales o se les entreguen o financien emisoras de radio, programas de televisión, revistas y periódicos; d) exijan que los bandidos cuenten toda la verdad sobre sus actividades criminales y asuman pública y expresamente su responsabilidad; e) reparen a sus víctimas; f) y, por supuesto, entreguen las armas y manifiesten su repudio a la violencia política.El nuevo Congreso, además, deberá designar siete magistrados de la Corte Constitucional, el tribunal con más poder e influencia en la vida ciudadana que nunca hayamos tenido. Deberá tramitar las reformas a la justicia y la educación que fue incapaz de conseguir este gobierno. Y tendrá que ponerle freno a la voracidad gubernamental en una próxima reforma tributaria, que se viene a pasos agigantados por cuenta del irresponsable aumento del gasto público y la burocracia de este cuatrienio.Además, tendrá que elegir un nuevo Consejo Nacional Electoral. El de hoy no solo no es imparcial sino que, al peor estilo chavista, manipula las reglas para favorecer al gobierno y perjudicar a la oposición. Cambió su postura histórica para impedir que el nombre o la cara del ex presidente Uribe estuvieran en el tarjetón, nada ha hecho para frenar la propaganda tramposa del partido de la U para confundir a los electores haciéndoles creer que “es el partido de Uribe” o que es el “puro centro democrático”, amenaza con declarar inválida la designación de Marta Lucía Ramírez como candidata conservadora solo porque no es afecta a Santos, y tampoco se ha pronunciado frente que el folleto de instrucción de la Registraduría a los jurados vaya sin el logo del Centro Democrático. Todo es una vergüenza.Claro, se puede votar en blanco. Es una tendencia que no se debe menospreciar. Refleja molestia con la política existente y sus raíces se hunden más allá de la ola verde. Pero en las parlamentarias ese voto no sirve de nada.

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