Pataleta peligrosa

Pataleta peligrosa

Marzo 20, 2016 - 12:00 a.m. Por: Rafael Nieto Loaiza

La derrota con “sabor a triunfo” de la que habló Arrieta es un mal chiste. Nicaragua nos dio una muenda en la Corte Internacional de Justicia, CIJ. La CIJ se declaró competente tanto para examinar si incumplimos la sentencia de 2012 que nos amputó parte de nuestro mar, como el reclamo nicaragüense de la denominada ‘plataforma continental extendida’. Las razones son varias: A. Ni Presidencia ni Cancillería han sido serios y responsables en la defensa de nuestros intereses. Par de ejemplos: uno, el embajador de Nicaragua es un reconocido internacionalista que está en La Haya desde 1988, sin importar la ideología del gobierno de turno. Nosotros hemos tenido decenas de embajadores, Santos no nombró por meses y después designó uno que ni siquiera era abogado. Dos, el Presidente no escogió expertos como agentes de Colombia, sino que contrató a dos amigos suyos, ninguno de ellos internacionalista. B. Acá, como en todo, Santos privilegió el proceso de paz. A Cepeda, uno de los agentes, lo puso a buscar un acuerdo en materia de justicia con las Farc, y a la Canciller la hizo vocera en La Habana. Los casos en La Haya ameritaban dedicación de tiempo completo. C. El caso ha estado sujeto a decisiones políticas y no jurídicas que no se han tomado con el objetivo de la defensa estratégica de los derechos colombianos. Dos prestigiosos internacionalistas, un francés y mi padre, pidieron desde la época de Samper que Colombia se saliera de la jurisdicción de la CIJ y denunciara el Pacto de Bogotá. No se hizo. Se propuso de nuevo en el 2012. El gobierno lo dudó. Lo hizo ya tarde.Ahora un coro de voces indignadas, que presumo inflamadas de alto espíritu patriótico, ha coincidido en que en adelante Colombia no debe comparecer ante la CIJ. Para empezar, esa posición es extemporánea. Si no se iba a participar en los casos, la decisión debería haberse tomado antes o al menos inmediatamente después de que Nicaragua presentara las dos nuevas demandas, como propuso Uribe, no tras estas decisiones que nos son contrarias. Antes de la sentencia del 2012, la canciller Holguín alababa a la CIJ y aplaudía sus “fallos salomónicos” y hace apenas un par de semanas había descalificado la propuesta del ex Presidente de no comparecer. Holguín, por incompetente y por dignidad debería renunciar. No lo hará, por supuesto. No tiene presentación ir a un tribunal y después decir que no es competente porque no nos gustan sus decisiones. El mensaje pedagógico es pésimo.Para rematar, no comparecer nos deja en el peor de los escenarios: la CIJ ya asumió competencia y va a fallar el fondo de ambos casos. Si no nos defendemos, solo podrá usar los argumentos de Nicaragua y tomar decisiones contrarias a Colombia. Hoy no se ha perdido nada que no se hubiera perdido ya con el fallo del 2012. Si no nos defendemos, podremos perder parte adicional de nuestra plataforma continental. De todas las decisiones, la peor para nuestros intereses es no comparecer. La pataleta es peligrosísima para nosotros.Por último, aunque no se compartan, es posible entender los argumentos de los políticos para no comparecer. ¿Pero quién explica que las altas cortes promuevan el desconocimiento de una decisión de un tribunal, en este caso el más importante del mundo, solo porque no les gusta su contenido? A mi hay decenas de sentencias de esas cortes que me parecen una barbaridad. ¿Nos autorizan a desacatarlas?

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