Otro conejo

Noviembre 15, 2015 - 12:00 a.m. Por: Rafael Nieto Loaiza

Prometió que la última palabra sobre los acuerdos con las Farc la tendrían los ciudadanos. Fue con esa base, y con mucha ‘mermelada’ para corromper políticos y ciudadanos y descalificando los críticos como “enemigos de la paz”, que ganó su reelección. Pero ahora también hará conejo. Tenía las opciones del referendo y de la constituyente. La constituyente la descartó por tres razones: la primera, porque cree que es una caja de Pandora y no habría quien la ataje. La segunda, porque teme que sus críticos obtengan una mayoría y cuestionen, condicionen y modifiquen los acuerdos que se alcancen con las Farc. Por último, que esa constituyente le abra la puerta a la reelección de Uribe, la peor pesadilla de Santos.Y se bajó del referendo porque este exige el 25% del censo electoral y el Gobierno cree que podría no lograrlo y porque la jurisprudencia de la Corte Constitucional ha definido que se debe preguntar por separado cada asunto que suponga una reforma a la Constitución. Como ocurre que todas las encuestas muestran que no hay apoyo ciudadano en al menos dos aspectos cruciales de la bajada de pantalones frente a las Farc, Santos lo llamó un “suicidio”. En efecto, los ciudadanos se niegan a que las Farc no paguen con cárcel por sus crímenes atroces y a que participen en política sin restricciones. En la última encuesta de Gallup, el 81% de los ciudadanos desaprueba esas posibilidades. De manera que el Gobierno renunció a preguntar separadamente sobre cada uno de los temas cruciales. Para ello se escurrió del referendo y saltó al plebiscito, que permite hacer una única pregunta sobre políticas públicas. Pero ahí también Santos se negó a jugar con las reglas previas y ya establecidas. Como la ley exige un umbral del 50% para los plebiscitos, ya anunció que se bajará al 13%, míseros 4.4 millones de votos. Y como establece que el Congreso haga control previo dentro del mes siguiente al anuncio presidencial de convocatoria y que una mayoría simple podría negarla, la cambiarán para que solo se pueda rechazar por mayoría absoluta. Y como hoy el plebiscito solo tiene efectos políticos, pretenden hacerlo “vinculante”, jurídicamente obligatorio. Es decir, lo vuelven un referendo, saltándose las reglas del mismo y evitando las preguntas individualizadas. Es cobardía, claro, miedo puro a que la gente rechace lo que unos pocos pactan a escondidas del país. Pero es también una violación más a la Constitución y un ataque rastrero a la democracia. Si es tan bueno eso que firman en La Habana, ¿cuál es el temor a que los ciudadanos se pronuncien puntualmente sobre lo que pactan? Para conseguir lo que quieren, ellos que tienen la verdad revelada y que saben lo que le conviene al pueblo ignorante, no tienen reparo en trastocar las instituciones y manosear el orden jurídico para conseguir sus objetivos. A la rama legislativa la castran con una comisión legislativa especial, a la judicial le montan en paralelo el tribunal especial para “la paz”, al ejecutivo le expiden una ley habilitante para que haga lo que le venga en gana. Y todo eso cambiando las reglas de juego y pervirtiendo la democracia de manera que sean las minorías las que se impongan. Sin embargo, señor Santos, “para la firmeza y sostenibilidad de los acuerdos” es indispensable una aprobación popular verdaderamente mayoritaria. Sin ella, repito, los acuerdos no valen ni el papel en que están escritos.

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