Otro año trágico

Julio 17, 2016 - 12:00 a.m. Por: Rafael Nieto Loaiza

Según el sistema Simci de Naciones Unidas, los narcocultivos en Colombia crecieron el 39% en el 2015. La cifra total es igual a la del 2002. En los dos últimos años perdimos tres lustros de lucha contra los cultivos ilícitos. Peor, la producción de cocaína se dobló entre 2013 y 2015, porque hoy salen más cosechas y la producción es más eficiente.Las razones son: a) la suspensión de la fumigación aérea en todo el país, resultado de los pactos de La Habana. Las Farc la pidieron y el Gobierno la concedió. b) La suspensión de la erradicación forzada en la frontera con Ecuador, los parques nacionales y en el Catatumbo, como resultado de un acuerdo con campesinos y con organizaciones afines a las Farc y el ELN. No es casualidad que la mayor concentración de narcocultivos reportado sea precisamente en esas áreas. c) La decisión gubernamental de prohibir el uso del glifosato dizque porque puede producir cáncer. d) La ley que ‘legalizó’ la marihuana medicinal. No es cierto que la marihuana lo sea, sólo algunos de sus componentes extraídos químicamente. Pero el Gobierno nunca acompañó la legalización con una campaña para prevenir el consumo y los jóvenes se quedaron con la idea errónea de que la marihuana no sólo no es mala sino que es beneficiosa para la salud. e) El negocio formidable de exportar a tres mil pesos por dólar y sin pagar impuestos. f) La expectativa de los campesinos narcocultivadores de que serán beneficiados como resultado de los pactos. g) Los esfuerzos de las Farc para aumentar sus ingresos antes de desmovilizarse y aprovechar tanto la suspensión de extradición de guerrilleros que hizo Santos como el gigantesco lavadero de activos que es el proceso de paz. El Gobierno no se atreve a establecer la obligación para las Farc de entregar todos los bienes que han obtenido con sus actividades criminales so pena de perder los inmensos beneficios que les está ofreciendo. Tampoco se atrevió a pedirles que reparen económicamente a sus víctimas. Esa reparación se hará, como viene haciéndose, con dinero de los contribuyentes. Con el suyo y con el mío.Así que, aunque en Bogotá nadie lo diga y los medios, mansitos y enmermelados, no analicen ni cuestionen, la verdad es que hay una relación directa entre el ‘proceso de paz’ y el aumento de los narcocultivos y el narcotráfico. Y que muy buena parte de eso es responsabilidad directa e inequívoca del Gobierno que, entregado a firmar a como dé lugar, no ha hecho sino equivocarse, a conciencia, en materia de lucha contra el narcotráfico.Y como la gasolina de la violencia es el narcotráfico, y así es aunque ahora sea políticamente incorrecto hablar del tema, será poco lo que aporten los pactos de Cuba para disminuir los homicidios. En el semestre pasado, cuando ya operaba de facto el cese bilateral de fuego entre la Fuerza Pública y las Farc, las muertes violentas en el país cayeron sólo el 5%. Con seguridad, algo de esa cifra se debe a ese cese. Pero no todo. Y aunque debe aplaudirse cada muerte inocente que se evite, es muy poca disminución, en todo caso. Demuestra que el problema grueso de la violencia no es la confrontación armada sino el narcotráfico y las otras rentas criminales como la minería ilegal. Mientras que pervivan, la violencia se reciclará.Y, claro, se quedarán por fuera de ‘la paz’ los frentes más involucrados en el negocio criminal. Ya empezaron por la ‘disidencia’ del Guaviare. Vienen otros.

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