¡No!

Octubre 02, 2016 - 12:00 a.m. Por: Rafael Nieto Loaiza

En Colombia no ha habido una guerra como la de El Salvador, Guatemala o Nicaragua, Yugoslavia o Ruanda. Aquí no se han enfrentado organizaciones armadas que representen sectores sustantivos de la población. No. Ha habido sí un grupo de 25 o 30 mil violentos, de extrema derecha y de extrema izquierda, que ha atacado con crueldad y barbarie a 44 millones de colombianos inocentes, pacíficos y desarmados que sólo intentan trabajar honestamente para salir adelante ellos, sus hijos y familias.En ese ataque sistemático no ha habido frontera. Los violentos se han cebado con los civiles, los han asesinado, secuestrado, extorsionado y mutilado con bombas y minas. Los han despojado de sus hijos, reclutados a la fuerza, de sus bienes y de sus tierras. Los desterraron. Violaron y abusaron de mujeres y niñas. Miles y miles y miles de víctimas inocentes han caído en sus manos. Los violentos sobrevivieron y se nutrieron del narcotráfico, con enorme daño para los valores sociales y la salud pública, y con un efecto devastador sobre el medio ambiente. Tampoco tuvieron pudor para atacar oleoductos o para atentar contra la infraestructura eléctrica y de carreteras que con tanto esfuerzo se ha levantado. Mataron soldados y policías por miles. No hubo crimen que no cometieran.Así que no, no es que “nos estemos matando entre nosotros”. Son unos muy pocos los que matan y cometen toda clase de atrocidades para imponernos a los demás, a los millones que no somos criminales, su ideología autoritaria, retrógrada y fascista, una ideología de odio y lucha de clases. Una ideología a la que no han renunciado y que, por el contrario, reivindicaron hace pocos días en su décima conferencia: “Nos seguiremos orientando por un ideario inspirado en el marxismo, el leninismo […] y, en general, en las fuentes del pensamiento crítico y revolucionario de los pueblos”.Sí, son colombianos. Pero colombianos eran también Pablo Escobar y los carteles y a nadie se le ocurrió pactar con ellos para dejar sus crímenes en la impunidad, darles beneficios políticos que no tiene ni ha tenido ningún partido o movimiento político en nuestra historia, torcerle el pescuezo a la Constitución, romperle el espinazo a la rama judicial con un tribunal que estará por encima de las más altas cortes, renunciar a la soberanía y a la aplicación de nuestras leyes penales y dejar la justicia en manos de extranjeros, emascular al Congreso, hipertrofiar el poder presidencial, cortar de manera grave las competencias de la Corte Constitucional, o elevar los acuerdos con esos violentos al nivel de la Constitución.Para rematar, los criminales recibirán todos los beneficios sin nada a cambio: no se les exige que entreguen los bienes adquiridos ilícitamente ni las tierras despojadas ni que reparen materialmente a sus víctimas ni que delaten a sus compinches en el narcotráfico, denuncien las rutas, los carteles que les compran o los laboratorios.Sí, como todos los colombianos, quiero la paz. Y estoy dispuesto a hacer concesiones para que los violentos dejen de matar. Pero no a darles beneficios y prebendas que no tiene ningún colombiano que no ha matado ni cometido crimen alguno y a los que nunca podrán aspirar nuestros desempleados. Porque creo que este acuerdo es manifiestamente injusto con los inocentes, porque no pone fin al conflicto sino que es germen de nuevas violencias y porque premia el crimen, voto No.

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