No es solo cuestión de imagen

Agosto 05, 2012 - 12:00 a.m. Por: Rafael Nieto Loaiza

Las encuestas son la foto del momento. En el que se hizo la de Ipsos fue particularmente malo para Santos. Estaba caliente el fiasco de la reforma a la justicia, en la que el Gobierno metió hasta el fondo las de andar, y vivía con efervescencia la asonada del Cauca.Por eso al analizar las encuestas es indispensable mirar la tendencia. Es la perspectiva, no la instantánea, la que facilita una mejor comprensión. Y aquí la caída es brutal. En términos de favorabilidad, Santos baja 26 puntos, del 73% al 47%, en dos años. Es decir, cae un 38%. Hoy dos de cada cinco ciudadanos que tenían buena opinión del Presidente ya no la tiene. Lo mismo ocurre con la satisfacción con su gestión: el 54% está insatisfecho y hace dos años era solo el 28%. El doble de entonces, algo más de uno de cada dos ciudadanos está insatisfecho. En cumplimiento de las promesas no le va mejor. El 39% cree que ha cumplido y a los cien días esa percepción era del 60%. El porcentaje de quienes no creen que Santos cumple ha aumentado en un 65%. Y si la lectura ciudadana sobre la gestión del Presidente es negativa, peor es la percepción sobre el futuro: el 68% cree que el país va por mal camino, siete de cada diez.Más allá de la caída en popularidad del Presidente, el panorama no es positivo. No se trata, como parecen creerlo en Palacio, de un problema de comunicación. No niego que ahí hay dificultades, por supuesto. A pesar de que vive obsesionado con la imagen, el Gobierno no logra que se reconozcan sus logros. Debería preguntar porqué.En mi opinión, el problema es doble. Por un lado, esta administración tiene una enorme dificultad para ejecutar. Excepto por un primer año con éxitos legislativos, no hay mucho más para mostrar. Por el otro, el liderazgo de Santos tiene falencias sustantivas. Primero, no define con claridad los objetivos. Sabemos que no quiere ni será un continuador de la obra de Uribe. Las rupturas en materia de relaciones con Chávez, legalización del narcotráfico y búsqueda de la paz con las Farc parecen definitivas. Pero ¿cuál es la alternativa? ¿En realidad quiere ser un “traidor a su clase” y “hacer chillar a los ricos”? ¿O prefiere ser un “reformista” de la “tercera vía”?Segundo, es débil. Su comportamiento es incompatible con cualquiera de esos propósitos. Ninguno de ellos se consigue intentando dejar satisfechos a todos o, disculpen la palabra, reculando cuando se presenta una reacción de algún sector de la opinión. Tercero, no es transparente. En la reforma a la justicia se lavó las manos olímpicamente, a pesar de la enorme responsabilidad de su administración en la creación del monstruo. Y todo mundo está convencido de que se dialoga con las Farc, aunque diga que no.Finalmente, no es confiable. Mucha gente cree que Santos se eligió con la promesa del continuismo y se ve decepcionada. El uribismo cree que ganó las elecciones pero no gobierna. Que Santos gobierna con las banderas del liberalismo y para el liberalismo. Y los que no son uribistas están desconcertados con su ambigüedad.Al país y a nadie le conviene que a Santos le vaya mal. Pero con un año difícil por delante, el escenario no es alentador. Si en Casa de Nariño siguen creyendo que la cosa es solo problema de comunicaciones, teniendo como tienen todos los medios nacionales a su servicio, el totazo de las encuestas dentro de un año será demoledor.

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