Miedo

Julio 10, 2011 - 12:00 a.m. Por: Rafael Nieto Loaiza

Curiosa rueda de prensa en que se anuncia que casi, que faltó un pelo, que es la tercera vez que estamos cerca y al final se nos vuela el jefe de las Farc. ¿Desde cuándo se hace eco a operaciones fallidas? ¿Por qué anunciar el fracaso? Es contrario a la discreción, al sigilo, a la sorpresa con que se deben realizar estas operaciones. Al enemigo no se le advierte el golpe que viene. Y a la opinión pública no se le generan expectativas. No hay explicación distinta a que el alto Gobierno, aunque soberbio y agresivo frente a las críticas que se le hacen en este campo, en verdad acusa el golpe y necesita mostrar que está a la ofensiva. Creo probable que neutralicen a ‘Cano’ en las próximas semanas. Militares y policías han mostrado ser muy eficientes cuando se trata de objetivos concretos y muy importantes. Blancos de alto valor estratégico es su nombre técnico. Hay una estructura especial dedicada todo el tiempo a conseguirlos. Esa unidad combina los mejores talentos del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea y, cuando se requiere, de la Policía. Procesa la información de inteligencia, diseña la estrategia, define la táctica y planea la operación. Cuenta para ejecutarla con las fuerzas especiales y con absolutamente todos los medios de inteligencia y de apoyo para el combate que pueda requerir. Los resultados están a la vista. ‘Reyes’ y ‘Jojoy’, por ejemplo. Y seguramente vendrá ‘Cano’. Las FF.MM., sin embargo, no son sólo las unidades de élite, esa minoría de excepcionales y privilegiados. Es en el resto, en esa mayoría inmensa, donde están los problemas. El grueso del Ejército no está operando o apenas lo hace, por varias razones. Cansancio: buena parte de los soldados profesionales está llegando al límite de su vida útil como instrumento de combate. Desmotivación: hay un abismo de entrenamiento, recursos, incentivos, entre las fuerzas especiales, los profesionales y los regulares. Incapacidad para ajustarse a los cambios tácticos que vienen haciendo las Farc: regreso a la guerra de guerrillas, a las pequeñas unidades, a evitar el enfrentamiento excepto cuando la ventaja está claramente de su lado, y el uso de la sorpresa y del combate a distancia, con utilización intensiva de explosivos y de francotiradores. La contrainsurgencia exige siempre el cambio de estrategia y táctica, de acuerdo con las nuevas condiciones del enemigo y del combate. Es normal que pase un tiempo para dar respuesta efectiva a los cambios del enemigo. Pero en esta ocasión al Ejército el ajuste parece estarle costando una enormidad. Finalmente, lo más importante, el temor. Hay miedo, mucho miedo, no al enemigo sino, hay que decirlo, al sistema judicial. Las decisiones de Las Delicias y Santo Domingo y los casos contra Arias Cabrales, Uscátegui y Plazas Vega, los antecedentes de los ‘falsos positivos’ y los errores de construcción en los manuales operacionales, la ausencia de normas jurídicas claras para la evaluación de su conducta en el combate y la negativa sistemática de fiscales y jueces de aplicar el derecho humanitario como regla, han generado un miedo brutal en el grueso de la Fuerza Pública. Nadie quiere terminar en la cárcel por cuenta de ser el “primer respondiente”. Nadie quiere que al muerto en combate lo presenten como un ‘falso positivo’. Nadie quiere ser condenado a décadas de prisión por “daños colaterales” o, peor, por cuenta de falsos testigos o por delitos que no existían en el momento de los hechos.

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