Los retos de Santos

Junio 20, 2010 - 12:00 a.m. Por: Rafael Nieto Loaiza

Es la crónica de una victoria anunciada. Se escribe por los méritos de Santos, que corrigió a tiempo los desvíos de su campaña y probó conocer el país y tener visión de Estado, y por los errores fatales de Mockus, que se empeñó en desinflar la burbuja verde que los medios y las encuestas habían creado. Difícil encontrar otra campaña en que un candidato haya hecho tan poco por sí mismo y tanto en contra de su propio empeño. Por fortuna, porque demostró que el país le queda grande, que no estaba preparado para gobernarlo.Hoy habrá ganado Juan Manuel. Y el presidente Uribe, la continuidad de sus políticas, la estabilidad en el rumbo. Santos sabe que buena parte su triunfo se debe al Presidente. Pero es su capítulo el que se escribe a partir de ahora. Y él no será un amanuense. Es Santos, y no Uribe, el nuevo Presidente. Por mucho que Uribe juegue, y jugará, un papel político de enorme importancia, Santos es Santos, y lo que se define en estos ocho años de gobierno que comienzan es su papel en la historia. Tendrá que escribir páginas brillantes, más allá de la sombra del gobierno de Uribe, el mejor en las últimas décadas.Por mucho que hay avances sustantivos, la tarea sigue siendo descomunal. Para empezar, hay que matar a la culebra, aún viva. Y hay que hacerlo con el Teniente Coronel de al lado dándoles refugio, apoyo logístico y un referente ideológico que incluso guerrillas corruptas como las Farc necesitan para sobrevivir. No es un reto menor. Más allá de la prodigiosa ‘Camaleón’, los militares tienen la moral por los suelos. Quienes creen que esa operación demuestra lo contrario se equivocan. Es la excepción que confirma la regla, resultado de la actuación de equipos de élite, extraordinarios como pocos. La tropa regular no tiene ánimo para combatir. Para rematar, entramos en la dinámica de los rendimientos marginales decrecientes.Controlar el narcotráfico es otro gran reto. Devastador del medio ambiente, combustible de los violentos, impulsor de la cultura del dinero fácil, corruptor de la política, es una plaga que ha definido, para mal, el curso de nuestra Nación en las últimas tres décadas. Mucho se ha avanzado, es cierto, en estos ochos años, pero la meta debe ser cero narcocultivos y el desmantelamiento de los minicarteles que subsisten.Construir una capacidad disuasiva mínima pero suficiente frente a la amenaza de Chávez es un desafío. Si bien no podemos entrar en una carrera armamentista que no queremos ni conviene, es imprescindible contar con lo indispensable para que el Teniente Coronel no se atreva a emprender una aventura. Reducir la corrupción a un fenómeno marginal no es sólo el anhelo que explica el crecimiento del partido de los girasoles. Es una urgencia nacional. No da espera tapar ese boquete por donde se diluye en unos pocos bandidos el esfuerzo de la inmensa mayoría de honestos y trabajadores. La corrupción nos impide superar la desigualdad y la pobreza.Y ese es el otro y más importante objetivo: 20 millones de pobres, el 46% de la población. Las claves son tres: generar empleo y reducir la informalidad, crecer a tasas sostenidas mayores al 5% anual, y dotar al país de una infraestructura vial, ferroviaria y portuaria sin la cual el progreso será sólo un sueño.No es poca cosa lo que le aguarda a Santos. Una votación extraordinaria le daría el capital político requerido para acometer semejante esfuerzo.

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