Locomotora en peligro

Septiembre 23, 2012 - 12:00 a.m. Por: Rafael Nieto Loaiza

El segundo trimestre del año trajo unos sorprendentes números de crecimiento. Cuando los analistas esperaban que la economía creciera un 4,3%, se llegó a 4,9%, muy por encima de la expectativa. La cifra se alcanza, además, cuando Estados Unidos no acaba de despegar y hay recesión en Europa y un importante frenazo en Brasil, China e India. En esas condiciones de turbulencia global, el crecimiento local tiene aún más mérito.Pero al examinar las cifras desagregadas el crecimiento es muy desigual. La industria muestra números en rojo y una tasa negativa de 0,7% en relación con el 2011, y la agricultura apenas crece un 1,2%. Los datos más auspiciantes parecen venir de la construcción, que creció un 18,4%. L a mala racha del 2011 pareciera estar siendo superada. Sin embargo, la Cámara Colombiana de Infraestructura hizo un polo a tierra cuando aclaró que “el crecimiento de 15,2% en la construcción de vías interurbanas se explica por los pagos a los contratistas, más que por nuevas inversiones ejecutadas”. Y añadió que “el Dane hizo un ajuste metodológico en las ponderaciones usadas para calcular el indicador de inversiones en obras civiles, donde las obras civiles para el sector minero-energético pasaron de pesar 37% a 51%” y, por tanto, “el buen desempeño del subsector de obras civiles se explica, principalmente, por el sector minero-energético, más que por la construcción de infraestructura”. Así que la mirada más cuidadosa al crecimiento nacional muestra que en realidad es el sector minero energético el que jalona el crecimiento, como es usual en los últimos años. El sector creció un 8,55% en el trimestre y explica el 45,3% de la inversión extranjera. En esas condiciones, preocupa lo que viene ocurriendo con la minería. El Gobierno no parece darle suficiente importancia al sector. Concedamos que parte de la inestabilidad se debe a la generación de la nueva estructura institucional, con el Viceministerio de Minas y la creación de la Agencia Nacional de Minería, el Servicio Geológico Colombiano y la Agencia Nacional de Licencias Ambientales. Pero se debe también al cambio sistemático de los ministros. Vamos para tres en apenas dos años.Además, el Gobierno no toma decisiones fundamentales y ejecuta mal. Una decisión ilegal de la ANM, por la cual se eliminaba de un tajo la eventual explotación del 70% del yacimiento aurífero de Angostura, derrumbó la acción de EcoOro y le cerró el acceso al financiamiento. Cuando la ANM corrigió, era muy tarde. Medio millar de personas saldrán de la compañía. 7 millones de onzas de oro, miles de millones de dólares de ingresos para el país, están en el limbo.Y ahora, según el Gobierno, el 30 de septiembre, vence la concesión de Cerromatoso. Más allá de la discusión de la fecha de vencimiento, que se resolverá en los tribunales en caso de que las negociaciones con el BHP Billiton no tengan éxito, la salida del país de esa compañía, el más grande productor de ferroníquel, sería un mensaje fatal. Asustados como están por el cambio de reglas de juego, agobiados por la violencia, enredados en los entresijos de las consultas previas, con mala prensa y amenazados con una reforma tributaria en ciernes y con el cambio en el régimen de regalías, las grandes compañías mineras y petroleras y los inversionistas internacionales recibirán como un mazazo la salida de BHP Billinton. Recordemos que ya se fue Vale, la segunda minera del mundo. Al paso que vamos, la única locomotora se quedará, si nos va bien, a medio camino. Con consecuencias gravísimas para la economía nacional.

VER COMENTARIOS
Columnistas