Lo bueno, lo malo y lo feo

Lo bueno, lo malo y lo feo

Septiembre 27, 2015 - 12:00 a.m. Por: Rafael Nieto Loaiza

Lo bueno: por un lado, hay fecha definitiva para que las Farc dejen las armas. Será el 23 de mayo, dos meses después de la fecha definida por Santos y ‘Timochenko’ para la firma del acuerdo final. La definición conjunta de una fecha le pone presión al gobierno y a las Farc y hace muy costoso su incumplimiento. Por el otro, las Farc aceptaron la investigación, juzgamiento y sanción de sus delitos. Al menos de los más graves. La marca de los crímenes internacionales que cometieron los perseguirá siempre.Lo feo: el apretón de manos entre Santos y ‘Timochenko’, en condiciones de igualdad, como si el capo de los bandidos fuera otro jefe de Estado, con el abrazo cómplice de Raúl Castro. Nadie en el país, Santos tampoco, debería olvidar que ‘Timochenko’ y los grandes jefes de las Farc están manchados hasta los tuétanos con la sangre de miles y miles de colombianos muertos y mutilados. Son asesinos fríos y despiadados, por mucho que justifiquen sus crímenes en motivaciones políticas. La firma de un acuerdo, se alegará, era indispensable. Pero era innecesario, y riesgoso desde una perspectiva del derecho internacional, que lo hiciera Santos. Que la escena fuera avalada por Castro, además, no debería dejar de molestar a todos quienes creemos en la democracia. Cuba es una dictadura y los Castro unos tiranos.Lo malo: para empezar, el tratamiento como iguales a las Farc y el Estado. No hay igualdad entre el Estado y los criminales por mucho que las Farc se empeñaron y consiguieron que Santos les diera un tratamiento simétrico que borra cualquier diferencia legal y ética entre ellos y nosotros. La consecuencia es que se da el mismo tratamiento judicial a los miembros de la Fuerza Pública, encargados de hacer cumplir la ley y perseguir a los delincuentes, y a los criminales que la violan: “La Jurisdicción Especial para la Paz tendrá competencia respecto de… las Farc-EP y a los agentes del Estado”. Igualar Fuerzas Armadas y terroristas es un espanto.Después, la impunidad. El gobierno sostiene que como habrá investigación, juzgamiento y sanción, no hay impunidad. Pero la verdad es que sí la habrá porque, por un lado, van a amnistiar e indultar todos los delitos, narcotráfico incluido por vía de la conexidad, menos los crímenes internacionales. Y para estos las penas no serán privativas de la libertad sino alternativas. Basta con comparar los textos: para quienes acepten sus crímenes, habrá “restricción efectiva de la libertad, en condiciones especiales”. Quienes no lo hagan “serán condenadas a pena de prisión hasta de 20 años, en condiciones ordinarias”.Malo también que se siga en el camino de la desinstitucionalización. Si en el proyecto de reforma constitucional se barre con el Congreso, ahora se dinamita el sistema judicial. En lugar de fortalecerlo, que mucha falta hace dado su desprestigio, el Gobierno y las Farc deciden crear un tribunal ad hoc donde los jueces serán escogidos por aquellos que serán juzgados y que no respeta el derecho fundamental establecido en los tratados de derechos humanos de ser juzgado “por un juez o tribunal competente, independiente e imparcial, establecido con anterioridad por la ley”.Malo también que no se establezca que quienes no cuenten la verdad perderán los beneficios. Y finalmente, malo que no se defina que las Farc deben reparar con sus bienes. ¿Acaso el proceso de paz será un gigantesco lavadero de activos?

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