La paz y la campaña

Noviembre 24, 2013 - 12:00 a.m. Por: Rafael Nieto Loaiza

Santos anunció que buscará la reelección. El eje fundamental de su campaña será “la paz”. Como habíamos advertido, la debilidad de su gestión lo hipotecó a las Farc y ahora en campaña lo obliga a apostarle todo a que el anhelo de paz de los colombianos le consiga suficientes votos.Para eso la estrategia tiene dos vectores: por un lado, no hacer públicos los acuerdos con la guerrilla. Es muchísimo más fácil de vender entre los electores una “paz” genérica, sin contenido concreto, que compromisos puntuales que puedan ser objeto de controversia. Desarrollar el campo o profundizar la democracia son, por ejemplo, ideas sobre las que nadie discrepa. En cambio que se pacte la posibilidad de que los cabecillas hagan política, que se creen circunscripciones especiales o se les asignen curules directas en el Congreso, son asuntos que, por lo que muestran las encuestas, generan fuerte oposición en la mayoría de electores. Santos lo sabe y por eso buscará que la gente “vote por la paz”, sin que sepa el contenido de lo pactado, sin que sepa por cual “paz” vota. Por eso mismo, al Presidente le conviene que no haya acuerdos definitivos antes de las elecciones porque tendría que mostrarlos y defenderlos. Lo mejor para él son acuerdos parciales, de contenido desconocido e incierto, con comunicados llenos de generalidades, que dan la idea de que se “avanza” y generan la expectativa de un acuerdo definitivo. Intuyo que si se conocieran el contenido exacto de lo ya firmado, Santos sería derrotado.La otra línea será continuar con la descalificación de los contradictores tildándolos como “enemigos de la paz”. Como ocurre con ideas fuerza como la democracia, la paz es un valor de aceptación general entre todos. Son conceptos que se convierten en medida de valor, una especie de moneda, para evaluar el comportamiento ciudadano. Estar a favor de la democracia o de la paz, trabajar por ella, son cualidades que merecen aplauso. Aparecer como “enemigo de la paz” supone un defecto, una lacra, una condición negativa y reprochable. Tachar a sus contradictores como “enemigos de la paz” significa estigmatizarlos, mancharlos, hacerlos repudiables para los electores.Así planteará Santos la campaña: él y sus camaradas serán los amigos de la paz y Óscar Iván Zuluaga y el Centro Democrático continuarán estigmatizados como guerreristas y enemigos de la paz. En la segunda vuelta, es previsible que Santos haga una “alianza por la paz” con la izquierda incluyendo, no se extrañen ustedes, al Polo, los comunistas, la Unión y la Marcha Patriótica. Ese escenario obliga a Zuluaga a ser especialmente cuidadoso. Tiene que insistir en que él, como todos los colombianos de bien, también quiere la paz. La diferencia no está en que uno la quiera y el otro sea su enemigo, sino en que Óscar Iván no quiere negociaciones y acuerdos entreguistas, arrodillados frente a los violentos. La campaña tiene que mostrar que la búsqueda de la paz no puede hacerse a cualquier costo, que tiene límites. Debe resaltar que hay fronteras éticas, jurídicas y políticas que no deben traspasarse. Señalar con claridad esas fronteras será clave. En las diferencias entre un Presidente que está dispuesto a todo, o casi, por “la paz”, y uno que tiene límites, es donde se jugará el triunfo. Y el futuro del país. No todo puede ser negociable porque el fin, aunque fuera la paz, no justifica los medios. Aunque en el caso de Santos, en realidad, solo sea conseguir la reelección.

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