La Habana, otra vez

La Habana, otra vez

Noviembre 18, 2012 - 12:00 a.m. Por: Rafael Nieto Loaiza

Mañana se inicia una nueva ronda de conversaciones en La Habana. Es la oportunidad para volver sobre el diálogo.Las Farc se están legitimando: pasaron de ser terroristas a ser una ‘parte’ que negocia con el Estado. Otros gobiernos y organismos internacionales dialogan con ellos. Y distintas organizaciones sociales, algunas afines y otras no tanto, piden interlocución. La legitimación es un efecto indeseado pero inevitable de sentarse a manteles con los subversivos. El Gobierno aceptó el discurso de las Farc sobre las causas de la violencia: la culpa la tuvieron los negociadores gubernamentales cuando en el acuerdo inicial con la guerrilla aprobaron distinguir entre la finalización del conflicto armado y la “paz estable y duradera”. Al hacerlo aceptaron tácitamente la tesis de que la guerrilla no es la causante de que no haya paz, sino que su ausencia se debe a factores políticos y económicos del Estado y la sociedad colombiana. De contera, otra vez, se legitimó la lucha guerrillera: las Farc pueden alegar que son el resultado de esos factores y que no es por ellas que en Colombia hay violencia. Y volvimos a las épocas de las “causas objetivas de la violencia”. Como consecuencia, aun si el diálogo con las Farc diera frutos, no tendríamos paz en Colombia: si la guerrilla y, por tanto, el conflicto armado, no son la causa de que no haya paz, desmontar la guerrilla y poner fin al conflicto no nos dará lo que buscamos. Bajo la tesis aceptada por el Gobierno, si las Farc se desmovilizaran seguiría habiendo razones para la violencia política. El propósito de las conversaciones no es solo la desmovilización, desarme y reinserción de la guerrilla: es efecto obvio del punto anterior. Como se trata de buscar “la paz estable y duradera”, se abrió la puerta para conversar con las guerrillas sobre los asuntos estructurales y políticos que originarían la violencia y no únicamente sobre los mecanismos y garantías para la dejación de armas. Con los paras no se negoció ninguna de las políticas del Estado, sólo su desmovilización y desarme.Las Farc intentarán ampliar la agenda y el Gobierno, acotarla: las negociaciones le dan tribuna a las Farc. La discusión de los factores estructurales de la violencia les permite articular un discurso político. Entre una cosa y otra se enmascara su naturaleza criminal.La guerrilla buscará alargar las conversaciones: entre más se demoren, más ganan políticamente y más ventajas pueden obtener. Por las mismas razones les conviene alargar la agenda. Mayor número de temas a discutir supone más tiempo dialogando. El Gobierno, para tratar de terminar la discusión, se sentirá tentado a ceder. Las Farc querrán meterle ‘sociedad civil’ al proceso: entre más interlocutores haya, más se demorarán las conversaciones. Y entre más organizaciones sociales vayan a La Habana, más audiencia habrá para su discurso y más oportunidades tendrán para convencer algunos y para conseguir aliados. Entre más aliados tengan, más presión habrá sobre el Gobierno y más oportunidades tendrán de conseguir sus puntos. Las guerrillas buscarán que las Farc y el Eln tengan mesas separadas: no estar juntos les evita airear sus diferencias frente al Gobierno y también generar un efecto espejo que les permita ganar en una y otra mesa. Los desafíos son inmensos. Las razones para el escepticismo, muchas. Con todo, ojalá saliera bien la aventura.

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