La capital en barrena

Noviembre 04, 2012 - 12:00 a.m. Por: Rafael Nieto Loaiza

Tal vez por su temperamento soberbio, colérico y con tendencias autoritarias, tal vez porque nunca había tenido experiencia administrativa, Petro no sólo no ha corregido el rumbo sino que ha profundizado en sus errores.Sigue tomando decisiones a las carreras, sin estudios previos, sin medir eficacia y eficiencia de la medida, sin evaluación de sus impactos y, sobre todo, sin consideración alguna por el efecto en la vida de los ciudadanos afectados. Ayer, por ejemplo, se supo que el comercio situado en la Carrera Séptima está en crisis por la peatonalización que decretó el Alcalde. Las ventas han caído entre el 30 y el 80% y hay locales que han anunciado su cierre. En otros la solución temporal ha sido el despido de parte de los trabajadores. El resultado es que menos personas transitan por la avenida, los almacenes colapsan, aumenta el desempleo y la zona, al perder vitalidad, se deteriora aún más. Hay casos de peores decisiones de Petro. Decidió acabar con las concesiones a las empresas privadas y que el gobierno de la ciudad asuma la recolección de las basuras. No importó que no hay empresa estatal preparada para hacerlo, que la experiencia de la vieja Edis fue un desastre, y que los recursos que se destinen a esa tarea dejarán de ir a salud o educación, por ejemplo. O a las tareas de saneamiento de agua potable, ampliación de cobertura del suministro y recuperación del río Bogotá, que son funciones de la Empresa de Acueducto, a la que Petro asignó la labor de recolección. ¿Si no ha podido con lo que sí es de su resorte, podrá ahora con lo que nunca ha hecho? Más allá de las consideraciones de eficacia, preocupa que quiera hacer crecer la burocracia estatal y que ataque al sector privado. La experiencia muestra que el aumento del tamaño y funciones del estado se traduce siempre en mayor corrupción y clientelismo. La Empresa de Acueducto es el centro de otra polémica: el control del acceso al agua y su uso para frenar desarrollos inmobiliarios. El propósito de recuperar el centro ampliado de la ciudad no puede conseguirse a costa de las viviendas de interés prioritario y de interés social, ni obstaculizando el desarrollo de la periferia de la ciudad y los municipios circunvecinos. Los resultados han sido un enfrentamiento con el Departamento y un frenazo en seco a proyectos inmobiliarios que habrían significado cerca de cien mil soluciones de vivienda para los estratos más bajos. Y, cuando se terminen los proyectos que estaban en marcha antes de Petro, habrá una disparada del desempleo, en especial entre aquellos que, como los trabajadores de la construcción, no cuentan con formación alguna. El Gobierno Nacional debería preocuparse por semejante impacto y no sólo por las viviendas gratuitas que se querían asignar a la capital. De ese misma línea de despelote está la decisión de acabar con los barrios residenciales y las restricciones de uso zonal. Petro cree que el ‘polifuncionalismo’ es la solución. De prosperar el engendro tendremos burdeles y residencias, comercio e industria, una al lado de la otra. Un desastre urbano, el colapso de cualquier esfuerzo de planificación y un deterioro seguro de los pocos barrios que se han salvado y de su valor inmobiliario y, sobretodo, de la calidad de vida de una ciudad que, desde que la tomo la izquierda y con excepción de algunas políticas sociales de Lucho Garzón, va en una caída libre de graves consecuencias no sólo para la ciudad sino para el país.

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