¿La agenda del Caguán?

Enero 15, 2012 - 12:00 a.m. Por: Rafael Nieto Loaiza

En mayo del año pasado publiqué un artículo titulado ‘Rompecabezas de la paz’ en que sostuve que había un proceso de paz en marcha. Entonces no se hablaba del tema y más de uno me miraba como un loco. Hoy es objeto de discusión permanente en los medios de comunicación. Y los hechos reafirman lo que dije.No creo que sea coincidencia que, aún calientes los cuerpos de los soldados y policías secuestrados y asesinados por las Farc, el presidente Santos hablara de las condiciones para un proceso. Más allá de la obvia condena de los hechos, el Presidente enviaba el mensaje implícito, a las Farc y a la ciudadanía, de que tales eventos no frenarían los acercamientos.Y no lo hicieron. Desde entonces todas las semanas se producen noticias sobre un “eventual” proceso. Las declaraciones y respuestas de parte y parte son constantes y el flujo de información y opiniones de comentaristas y expertos poco a poco ha ablandado a una opinión pública que hace apenas un año no estaba dispuesta sino a que a las Farc las neutralizaran por las armas. A estas horas, en cambio, ya nadie se sorprenderá cuando las negociaciones se hagan públicas. Desde la muerte de ‘Alfonso Cano’ y las acusaciones de traición por parte de las Farc, sugiriendo que venían ocurriendo acercamientos entre el comandante guerrillero y el Gobierno, los acontecimientos parecen precipitarse. Ayuda, y mucho, que ‘Timochenko’, el nuevo comandante, tenga el tiempo, la tranquilidad y la facilidad de comunicarse que ‘Cano’ no tenía. En medio de su fuga sin descanso, acosado como estaba por la Fuerza Pública, apenas podía respirar. ‘Timochenko’, que goza de la tranquilidad que le da su refugio venezolano, produce comunicados cada ocho días. A la literatura, a la política y a la planificación de la acción armada les vienen bien el tiempo y el sosiego de saberse sin riesgos. Entre referencias históricas y alguna con pretensión teológica, ‘Timochenko’ soltó la propuesta de “retormar la agenda que quedó pendiendo en el Caguán”. Santos, que no es tonto, respondió diciendo que había que “olvidarse de un nuevo Caguán” y pidió hechos de paz. Tranquilizaba a quienes pudieran pensar que se trataba de volver al diálogo sin condiciones y al despeje, de tan ingrata recordación, y que, más allá de los que diga el Presidente, hoy en todo caso no podría hacerse porque hay una ley que lo prohíbe expresamente.Pero el guerrillero no habló nunca de tales cosas, sino de “la agenda que quedó pendiendo”. Y sobre eso Santos ni dijo ni mu. ¿Aceptará el Gobierno unas conversaciones sobre temas “fundamentales” como los que se pretendía abordar con Pastrana? ¿Se quiere un pacto de carácter refundacional del Estado, como los de El Salvador o Guatemala? ¿Vamos hacia otra constituyente de paz como la del 91?A algunos nos parece que cualquier cosa distinta a un acuerdo para la desmovilización, el desarme y la reinserción sería inaceptable, pero a mi no me extrañaría que medio país político, empezando por el Gobierno, decidiera que a las Farc y el ELN sí hay que ofrecerles todo lo que a los paras se les negara. Ya lo demostró impulsando la reforma constitucional que les permitiría a los criminales llegar a los órganos de representación popular.Por el cómo y dónde se hacen los diálogos no habrá que preocuparse. Chávez acaba de ratificar que “apoya” la búsqueda de la paz en Colombia. Si las Farc ya están en Venezuela, dirán algunos, habrá que aprovechar.

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