¿Incitando al golpe?

¿Incitando al golpe?

Julio 15, 2012 - 12:00 a.m. Por: Rafael Nieto Loaiza

He leído y releído el discurso del expresidente Uribe en el homenaje a Fernando Londoño, acaso hubiera ocurrido que no he visto lo que vi y ni oído lo que oí.El evento no fue un ‘coctel’, como mal informaron a una distinguida columnista bogotana. Tampoco es cierto que el ex Presidente haya acusado al gobierno, como ella dice, de ser “un equipo de vándalos” o que se haya presentado “a [Santos] como un pirata que pretende repartir el botín de la Nación con unos guerrilleros”. No es verdad que haya “instigado el descontento del Ejército y la Policía contra las políticas trazadas por este Gobierno”. O, peor, que se haya “incitado a la sublevación o forzado la fractura institucional”, en palabras de otro de nuestros amigos columnistas.Ni una sola de las palabras de Uribe se dirigió a levantar a los cuarteles, a sublevar a la tropa, a romper la institucionalidad. Ni el tono ni el contenido del discurso fueron antidemocráticos o propugnaron por vías fuera del Estado de Derecho o, mucho menos, la revolución o la violencia. Lo que sí hubo fue crítica de Uribe al actual gobierno. Y un énfasis especial en los asuntos de seguridad. Advierto que no comparto algunas de las apreciaciones del ex Presidente. Creo que, por ejemplo, resultaba indispensable reconocer la existencia del conflicto armado y que el esfuerzo que se hace en materia de Justicia Penal Militar, si llega a buen puerto, sería una solución fundamental a la inseguridad jurídica que hoy asuela a nuestros militares. Y que esa puede ser una solución pronta si la ley estatutaria que se requiere se tramita en este semestre, de manera que su aprobación coincida con la de la reforma constitucional en materia del fuero.Pero el ex Presidente refleja la opinión de muchos cuando cuestiona los coqueteos a Chávez, la propuesta de legalización de la droga y el llamado ‘marco jurídico para la paz’. Y cuando advierte sobre los impactos que tales iniciativas tienen en soldados y policías. Es un imposible ético pedir sacrificios a nuestros uniformados si el mensaje que se recibe del Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas es que la lucha contra el narcotráfico es inútil y que los guerrilleros, incluso los responsables de crímenes de guerra y de lesa humanidad, no pagarán un solo día de cárcel por sus delitos (y, además, podrán acceder a cargos de elección popular). Y cuando se manifiesta simpatía y apoyo con quien al otro lado de la frontera presta refugio a los terroristas que asesinan colombianos. Lo que afecta la moral de la tropa son los hechos, no las preguntas y críticas que sobre esos ellos se hacen.Con certeza al Gobierno y a sus amigos no les gustan ni las críticas ni de quien provienen. A estas alturas Santos tendrá claro que es un error monumental menospreciar a Uribe y suponerlo cosa del pasado. Pero si algo necesita este Gobierno es quién lo supervise, teniendo como tiene en su costal a todos los partidos políticos, menos al Polo, y a la gran prensa nacional. Y esa tarea no puede ser calificada de “chantaje al Gobierno”, de “descalibrar la disciplina militar”, de “forzar la fractura institucional”, de “cuasisubversiva” o de “terrorismo político”, como lo han hecho en estos días, sin rubor, columnistas de Semana y El Tiempo.A Uribe le criticaron, sin descanso, la Seguridad Democrática. ¿Por qué no se pueden criticar ahora las políticas de Santos? ¿Y por qué hacerlo es contrario a la democracia?

VER COMENTARIOS
Columnistas