Ganó, pero…

Junio 22, 2014 - 12:00 a.m. Por: Rafael Nieto Loaiza

Ganó Santos con una ventaja de 911.985 votos y seis puntos porcentuales, aunque solo el 50,9%, de los electores votó por él. Es decir, un 49,1% de los votantes no quiso la elección de Santos. Un país partido por mitades. Las reglas de juego de la democracia exigen que, cumplida la contienda electoral, todos los ciudadanos acepten los resultados y se permita el gobierno de la nueva mayoría y la implementación de sus propuestas y programas. Hay, sin embargo, algunas lecciones que dejan estos comicios, desde la perspectiva de la defensa hacia futuro de la democracia.Una, que el sistema electoral no ofrece neutralidad ni transparencia y, por tanto, afecta el resultado. Para empezar, la autoridad electoral por excelencia, el Consejo Nacional Electoral, está politizado y solo hay representantes de los partidos que hacen parte de la coalición de gobierno. En estas elecciones el CNE tomó decisiones dirigidas claramente a favorecer al Presidente y perjudicar a sus contendientes. Entre otras, aplazó hasta apenas una semana antes de la primera vuelta la decisión sobre la legitimidad de la convención que designó a Marta Lucía Ramírez como candidata, y con ello la distrajo de su campaña y erosionó su candidatura al sembrar dudas entre los electores sobre su viabilidad. Si no fuera suficiente, dejó la vía libre para que los parlamentarios conservadores trabajarán por la reelección en lugar de apoyar a la candidata de su partido. Ya antes había impedido que el Centro Democrático fuera claramente identificado por los electores, le negó la inscripción de listas para la Cámara de Representantes en varios departamentos, y permitió publicidad para engañar a los votantes haciéndoles creer que la U era el partido de Uribe. Además, hay elementos técnicos que permiten el fraude. Uno de ellos está en el sistema técnico de votación y en la generación y manipulación de las actas de escrutinio. Ordenado por ley hace años, no se ha implementado el voto automatizado. El sistema de votación, para evitar fraudes como el venezolano, debe incluir papeletas que permitan el reconteo manual, si fuese necesario, y un sistema de escáner óptico digital que no solo impida que los jurados metan la mano sino que aseguren copias digitales de los votos y la consolidación de resultados sin intervenciones de terceros. Es el sistema más moderno y seguro del mundo. Me temo que, sin embargo, hay muchos interesados en que no se dé ese paso. Dos, la reelección genera un desequilibrio tal en las reglas de juego de la contienda electoral que hace prácticamente imposible ganarle al presidente candidato. Si además la ley de garantías es insuficiente, como lo es, y el CNE no cumple sus funciones, los abusos presidenciales son, como fueron, inatajables. Se usó el presupuesto público y la maquinaria oficial para la campaña, muchos funcionarios participaron abierta e ilegalmente en política, y el uso de la publicidad oficial para hacerle campaña a Santos, bajo la mirada cómplice del CNE, fue descarada. Ibope cifra en cerca de diez mil millones de pesos el gasto en propaganda oficial en las últimas semanas. Es evidente que, además, se volaron los topes de financiación. Por último, el antecedente de una Fiscalía jugando en las elecciones es verdaderamente tenebroso. Finalmente, la compra de votos en los departamentos de la Costa Caribe es un secreto a voces. Si en todo el país hubo un 19,5% más de votantes que en la primera vuelta, en los departamentos de la Costa hubo entre 40% y 70% más. Y solo hay una explicación para eso.

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