¿Es un demócrata?

¿Es un demócrata?

Octubre 30, 2016 - 12:00 a.m. Por: Rafael Nieto Loaiza

La crisis en Venezuela se agudiza día a día. Después de que el Tribunal Supremo y distintos jueces, controlados todos por el chavismo, impidieran realizar un referendo revocatorio contra Maduro, la Asamblea Nacional, de mayoría opositora, anunció un juicio contra el gobernante. El miércoles millones de opositores se tomaron las calles. El viernes hubo huelga general, aun parcial por el temor de muchos a la violencia del chavismo. El mismo día, Maduro anunció que metería presos a los diputados si lo enjuiciaban.Recordemos los antecedentes: bastó con que a fines del año pasado la oposición ganara abrumadoramente el control del congreso venezolano para que el ‘socialismo del siglo XXI’ perdiera la careta. De inmediato, y en contra del orden jurídico, reemplazó unos magistrados del máximo tribunal de justicia con militantes chavistas, y desde ahí, tras la mascarada de las supuestas “decisiones judiciales”, ha ido en contra de la voluntad del pueblo. Entre el Tribunal y el Consejo Nacional Electoral, también controlado por sus militantes, han saboteado una y otra vez a la Asamblea y han hecho inútiles las millones de voces ciudadanas que quieren la revocatoria del mandato de Maduro. Primero anularon la elección de unos diputados para atenuar el impacto de la mayoría calificada que había obtenido la oposición. Después autorizaron a Maduro un régimen de excepción y a gobernar por decreto en contravía de la decisión de la Asamblea. Más adelante le cercenaron sus competencias de control y de legislar a ese mismo congreso. Finalmente han hecho imposible realizar el referendo revocatorio porque significaría la salida del chavismo del poder.Por mucho que tenga una apariencia de legalidad, lo de Venezuela es un golpe de Estado. Desde adentro, pero un golpe de Estado. Este se produce no solo cuando uniformados o civiles con su apoyo asaltan el poder, sino cuando hay una ruptura del orden constitucional y democrático y se desconoce la soberanía popular expresada mediante el voto. Esa ruptura y ese atentado a la democracia pueden hacerse, como en el caso venezolano, desde el gobierno. De hecho, esa es la táctica de los populistas contemporáneos, de izquierda y de derecha, desde Fujimori hasta Chávez: hacerse elegir y después sabotear desde adentro la democracia hasta hacerla un espejismo.Así como el triunfo del No es una oportunidad para unir al país y renegociar con los violentos, hay que decir con todas las letras que desconocer de facto la voluntad popular manifestada en el plebiscito sería una quiebra radical del orden constitucional y un ataque devastador a la democracia. En una democracia la voz de la mayoría expresada en las urnas se respeta, sin importar el margen de la victoria.No dudo de que hay profundas diferencias entre Venezuela y Colombia y entre Maduro y Santos. El vecino es un régimen mafioso y no entregará el poder. Pero como vienen las cosas, también hay similitudes: manipulación y modificación de la Constitución y la ley en beneficio propio y de sus objetivos políticos, presión a los organismos judiciales, intimidación a los empresarios y a los medios críticos, estigmatización y persecución a los opositores y judicialización de la política, uso del presupuesto nacional con fines partidistas y, ahora, el conejo que se asoma al resultado del plebiscito. A estas alturas, Santos debe demostrar que en verdad es un demócrata.

VER COMENTARIOS
Columnistas