En vísperas de otro proceso

Abril 08, 2012 - 12:00 a.m. Por: Rafael Nieto Loaiza

Nada hay que agradecer. Los diez uniformados que seguían en poder de las Farc fueron liberados. Rehenes de una guerrilla inhumana que los encadenó como animales, perdieron decenas de años de sus vidas, años que nunca podrán recuperar. Durante su cautiverio sus hijos crecieron sin padre, murieron los suyos y sus hermanos y amigos, se les fueron las vivencias y memorias que tenemos todos los mortales. Al menos, podrán decir, no corrieron la suerte de los asesinados en cautiverio. Por eso se aplaude que hayan recuperado su libertad.Pero no más. En su liberación no hay gracia alguna o buena voluntad. Si antes fueron secuestrados para negociar con ellos, ahora son liberados con el mismo propósito. Las Farc y el Gobierno buscan generar hechos que les permitan anunciar diálogos de paz. Digo anunciar porque no dudo de que las conversaciones ya han empezado. Si hace ya un año sostuve que creía que se estaban montando todas las piezas para una negociación, hoy tengo certezas. Hay hechos que no se explican sino en ese contexto como, por ejemplo, mantener de asesor de paz en Colombia a Baltasar Garzón, condenado por la Justicia española. O que a ‘Teodora’ la Corte Suprema no la haya sancionado por sus vínculos con las Farc o que tampoco haya proceso judicial alguno sobre los vínculos políticos y sociales de la guerrilla, con informaciones abundantes en los computadores de ‘Cano’ y ‘Jojoy’, que confirman lo que desecharon nuestros orondos magistrados en las memorias informáticas de ‘Reyes’.Y lo ratifica la autorización que habría dado el Gobierno para el traslado a Cuba de ‘Mauricio, el médico’, miembro del secretariado de las Farc. Lo dijo el polémico José Obdulio en su columna y nadie lo desmiente. Y, curioso, tampoco nadie le hace eco. La prensa bogotana sigue engolosinada consigo misma y con el Presidente y se niega siquiera a registrar la información que creen que pueda no convenirle al Ejecutivo. Que en ello se les vaya la credibilidad no parece importarles. En fin, el viaje de ‘El Médic’oa la Habana explicaría la visita de Santos, so pretexto de verse con el Teniente Coronel de al lado.Así que estamos en conversaciones con las Farc y en la víspera de un proceso de paz. Yo, advierto, estoy a favor de una salida negociada del conflicto. Habría que ser obtuso y cruel para estar en contra de la paz. Entre más pronto y menos muertos haya, tanto mejor. Cada vida salvada bien vale la pena el esfuerzo. Pero ese deseo no va en contravía de tomar todas las precauciones para no cometer los mismos errores del pasado y, por cuenta de las negociaciones, prolongar la violencia. Olvidar las décadas de intentonas de paz fallidas no sólo es un error sino que es estúpido.De manera que, para empezar, no puede cederse ni un centímetro en el combate militar y policial de la insurgencia. Si antes las Farc pedían “canje” y hoy los entregan unilateralmente es porque ahora no están en condiciones de exigir nada. Después, el propósito de las conversaciones no puede ser sino el de la desmovilización, el desarme y la reinserción. Nada, absolutamente nada más puede negociarse con los criminales. No hay en ellos autoridad ninguna para pactar asambleas constituyentes, acuerdos refundacionales o cambios en la estructura del Estado. Sería legitimar la violencia, otra vez, como mecanismo de lucha política.

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