Dimensión de la tragedia

Diciembre 26, 2010 - 12:00 a.m. Por: Rafael Nieto Loaiza

Navidad pasada por agua, en el peor invierno del que haya memoria. No hay antecedentes de catástrofe semejante. Ni terremotos, ni avalanchas, ni incendios, ni sequías, han producido nunca tanto daño. La Costa Atlántica es la zona más afectada, pero la tragedia se extiende como una plaga desde los Santanderes hasta el Valle. Centenares de miles de damnificados y billones de pesos en pérdidas. La gente del común fue solidaria, como lo probó la Teletón, renacida de la mano del Opus Dei. Pero lo recogido fue poco para las inmensas necesidades. Aquí hace falta la generosidad de Buffett, Gates y ese grupo de cincuenta de los multimillonarios gringos que se ha comprometido a donar al menos la mitad de su fortuna. Eso sí es filantropía. Aquí los muy ricos donan tres pesos de sus inmensas fortunas, lavan su imagen y duermen tranquilos.Como casi siempre, la naturaleza se cebó con los más pobres. Tenían poco y lo han perdido todo. La tierra, mucha con cultivos de pancoger, de pura supervivencia, quedó lavada por las corrientes. Recuperarla será tarea ardua y de muchos años. Los campesinos, sin ingresos y sin ahorros, han quedado en la indigencia. La mayoría no volverá a su terruño. Se sumarán a los desplazados por la violencia y los que por único camino tuvieron el éxodo económico. Irán a engrosar los cinturones de miseria que rodean nuestras grandes ciudades.El desastre es un desafío para el Estado y para la sociedad entera. Santos tendrá que cambiar su agenda de gobierno a partir de la tragedia. Colombia era una antes y es otra después de este diluvio sin descanso, este diluvio eterno que anega hasta los corazones. El plan de desarrollo tendría que ser redefinido. Y sin demora.Hay que trabajar en varios frentes. El primero es coordinar la atención de emergencia, dar posada y alimentar a esos centenares de miles. Será necesario hacerlo por varios meses. Acción Social, por su dimensión y cobertura, parecería ser la agencia estatal encargada de responder a la urgencia.Reconstruir la infraestructura perdida, precaria ya antes de la catástrofe, y diseñar políticas y programas para recuperar la economía de las zonas afectadas, serán tareas a mediano plazo. La experiencia del Forec y el terremoto en la zona cafetera, lo han dicho varios, debería servir de guía para articular la respuesta gubernamental. Cargarle la responsabilidad de coordinar semejante esfuerzo a un ministro, por competente que sea, es equivocado. Se necesita alguien con dedicación exclusiva, con carácter de superministro, del estilo de Luis Carlos Villegas. ¿Aceptará el mismo Villegas el reto?Parece indispensable atacar la corrupción de las corporaciones autónomas regionales. Las CAR han mostrado, con algunas excepciones, ser un foco de clientelismo y putrefacción que, para peor, es tierra de nadie y no tiene control alguno. En la inundación del Atlántico mucha responsabilidad tiene Cormagdalena. El Canal del Dique venía con filtraciones desde mediados de año. Y la Corporación, mientras tanto, en la mejor de las hipótesis, se rascaba la barriga, cuando no estaba en proyectos fraternales. Recuperar las riberas de los ríos, desde hace décadas deforestados, y diseñar políticas para la protección de las cuencas es otra tarea que no admite demora. No podemos permitir que las nuevas generaciones paguen nuestra avaricia.

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