¿Desaparecidos?

¿Desaparecidos?

Octubre 25, 2015 - 12:00 a.m. Por: Rafael Nieto Loaiza

Aparecieron algunos ‘desaparecidos’ del Palacio de Justicia. Apenas a unas semanas de que se cumplan 30 años del episodio más nefasto de la hist oria reciente de Colombia, el asalto del M-19 a la sede de los más altos tribunales del poder judicial, la Fiscalía dice haber identificado tres mujeres supuestamente desaparecidas por el Estado después de la operación de rescate del Palacio.Advierto, primero, que hay diferencia entre un desaparecido en términos coloquiales, es decir, una persona de cuyo paradero no hay noticia, y los desaparecidos ‘forzosos’, que son aquellos de quienes se tiene certeza de que estuvieron en poder de agentes del Estado y que después no aparecen. Después, que en Colombia se ha condenado en primera instancia a dos oficiales, el general Arias Cabrales y el coronel Plazas Vega, por la desaparición forzada de once personas en el rescate del Palacio y que, además, la Corte Interamericana de Derechos Humanos también condenó al país por los mismo hechos. He contado antes que fui agente del Estado en ese caso.Mi posición fue que había una responsabilidad del Estado por su incapacidad en establecer el paradero de las personas supuestamente desaparecidas y por la lentitud en establecer la verdad de los hechos, pero que no había pruebas de que hubiese desaparición forzada de esas personas, con la excepción de Irma Franco, una guerrillera de quien efectivamente se sabe que salió viva. También dije que el Estado tenía que defenderse integralmente en la Corte IDH de la acusación de desaparición forzada y tenía que alegar que había que esperar a que terminaran los procesos judiciales internos, aun abiertos, y que la Fiscalía debía identificar de una vez por todas los restos que tenía en su poder, 27 cadáveres, un número superior a los supuestos desaparecidos.El Gobierno, sin embargo, no quiso continuar con esa defensa. La entonces ministra de Justicia, Ruth Correa, presionó a muerte para que el Estado reconociera responsabilidad por esos once desaparecidos. Después Santos, seguramente por consideraciones relacionadas con el proceso de paz, fue incapaz de sostenerse en la decisión inicial de defender a cabalidad al Estado. Renuncié porque mi conciencia no me permitía defender nada distinto que lo que los hechos mostraban: salvo Franco, no había prueba de los otros supuestos desaparecidos.Ahora aparecen tres de las ‘desaparecidas’. Semejante hecho debería tener varias consecuencias: la primera, impulsar a la Corte Suprema de Justicia a decidir pronto los recursos de casación que se interpusieron en los casos de Arias Cabrales y Plazas Vega. La segunda, que el Estado no debería pagar las millonarias indemnizaciones a las cuales fue condenado por la Corte IDH. Si no hubo desaparición, no puede pagarse la condena. Tercera, revisar las sentencias del Consejo de Estado en estos casos. La cuarta, iniciar procesos para establecer si hubo o no falsos testimonios por parte de los familiares de los supuestos desaparecidos que no tuvieron ningún reparo en sostener que, en videos absolutamente borrosos, reconocían, sin ninguna duda, a sus parientes saliendo vivos de Palacio. Quinta, investigar a los funcionarios de la Fiscalía que por tantos años, desde el 2000, tuvieron los 27 cadáveres en su poder y no se dedicaron a la identificación de los mismos.

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