¿Crimen sin consecuencias?

Abril 19, 2015 - 12:00 a.m. Por: Rafael Nieto Loaiza

Once militares asesinados y 20 heridos fue el resultado de un ataque deliberado, en pleno del “cese al fuego unilateral” de las Farc.La acción no es, aunque lo diga el Fiscal General, “un caso de homicidio en persona protegida y un hecho de grave violación a los derechos humanos. Un crimen de guerra”. Los militares, aunque estén descansando, no son “personas protegidas” a la luz del DIH, la acción no fue una “grave violación a los derechos humanos”, y son las infracciones graves al DIH las que constituyen crímenes de guerra. Preocupa la incomprensión del DIH por el ente investigador. Hay graves errores conceptuales en este caso, pero con seguridad también se cometen en las investigaciones y acusaciones contra los miembros de la Fuerza Pública.Lo que sí hubo fue “perfidia”. La guerrilla engaña al declarar una cese unilateral y asesinar a los militares, poniendo en grave dificultad el proceso. El engaño y el crimen muestran que no es posible creer en la palabra de la guerrilla ni en sus compromisos, ni siquiera cuando son unilaterales, como en este caso. Y ahonda la profunda desconfianza de los militares y de la población sobre lo que allá se negocia.La primera reacción de Presidencia fue un trino vergonzoso en que “lamenta muerte de soldados en Cauca”, sin una sola referencia a las Farc, como si fuera resultado de un accidente o de un hecho de la naturaleza y no un asesinato. Después anunció que se reanudaba los bombardeos. Yo le creo a la FAC cuando sostiene que no hubo apoyo aéreo por las malas condiciones climáticas. Pero ese hecho no cambia que las Farc tomaron ventaja de la suspensión que decretó Santos y que los soldados pensaron que no tendrían el apoyo aéreo que les urgía. Lo dijeron así algunos de los sobrevivientes. Suspender los bombardeos da una ventaja estratégica y táctica inaceptable y significa renunciar al más importante método con el que cuenta la Fuerza Pública contra los terroristas. Además, si se quiere acelerar las negociaciones es indispensable debilitar militarmente aún más a las Farc. No hacerlo solo contribuye a prolongarlas y a que haya más colombianos muertos y heridos. Lo contrario a lo que se busca.Santos toma una decisión correcta al permitir de nuevo los bombardeos. Pero es insuficiente. El engaño y el crimen son de tal gravedad que es indispensable que el Presidente tome medidas adicionales tanto para reconstruir en algo la agotada confianza en el proceso como para evitar hechos similares en el futuro.Una, obvia, es advertir a la guerrilla que otro hecho igual supondrá la terminación de las negociaciones. Santos, por mucho que sea reticente a presionar a las Farc, debe transmitir que para el éxito del proceso son absolutamente inaceptables el engaño y el incumplimiento de la palabra. Y que está dispuesto a pararse de la mesa. El mensaje contrario, el que viene dando, debilita la posición de sus negociadores. Además no tiene presentación que el proceso se suspenda por el secuestro de un general imprudente y que en cambio el asesinato de once soldados no tenga consecuencia alguna.La segunda es establecer un plazo para el acuerdo. Por fin lo sugirió Santos. El diálogo fortalece a la guerrilla y la ausencia de presiones solo dilata las negociaciones. Si bien la acción militar puede empujar a acuerdos más rápidos, lo único que puede evitar varios años más de conversaciones es establecer un plazo perentorio. Así que no basta con decir que debe haber plazos. Hay que definirlos de verdad y en público para que después no los embolaten.La tercera podría ser exigir la concentración de tropas de las Farc, de manera que más allá de que se anuncie un cese al fuego en el que no se atacaría a la Fuerza Pública, se impida que la guerrilla siga realizando actividades criminales como la extorsión, el narcotráfico y la minería ilegal. Si hay voluntad de paz, es el paso obvio. Y el único que de verdad protege a los colombianos de la acción de los terroristas.

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