Cáncer y mito

Febrero 26, 2012 - 12:00 a.m. Por: Rafael Nieto Loaiza

La oposición tiene que apostar a derrotar a Chávez en las urnas, no a que se muera. La afirmación del Teniente Coronel de que tiene una nueva “lesión” donde le extirparon un tumor confirma que su condición es más grave de lo que se reconoce. Aunque nadie sabe con certeza en qué órganos está el cáncer y qué tan avanzado está, los oncólogos sostienen que la aparición de un nuevo tumor prueba que, como mínimo, la quimioterapia no funcionó. La tentación está en esperar que el deterioro se agudice y Chávez no pueda participar en las elecciones de octubre. Sería un error. Para empezar, porque la ausencia de información sobre la región en que está localizado y el tipo de cáncer que padece hace imposible predecir con alguna certeza el desarrollo de la enfermedad. Es posible tanto que el tratamiento obligue a Chávez a dar un paso al costado, como que pueda hacer campaña sin mayores apremios.Además, la enfermedad le ha servido políticamente a Chávez. Despierta una solidaridad con el Teniente Coronel que, bien manejada, le hace ganar puntos. Y lo hace muy bien. Basta ver la caravana del viernes para confirmarlo. La puesta en escena contenía elementos religiosos y simbólicos muy poderosos, con imágenes de Cristo y frases que estrechan lazos con masivos sectores populares y refirman el imaginario del Jefe de Estado como un nuevo mesías. Ahora Chávez hace constantes referencias a Dios y machaca mensajes que van construyendo un mito. Y derrotar electoralmente a las figuras mitológicas es muy difícil.Como si fuera poco, la enfermedad hace antipático, por decir lo menos, atacar a Chávez. La gente protege a los enfermos y castiga a quienes son duros con ellos. La oposición debe caminar por una línea estrecha en la que distinga entre la obra de Gobierno y la figura misma del Teniente Coronel. Y debe hacerlo rescatando aquellos programas que tienen calado popular. Venirse contra las “misiones” sería un craso error que espantaría a buena parte de la base chavista hoy descontenta y tampoco sería útil frente a los “ninis” (ni con Chávez, ni contra él).La enfermedad, además, distrae la campaña. La ausencia de información y la distancia promueven las especulaciones y la discusión se centra en la evolución del paciente. La agenda ya no es política, sino afectiva. Y en ese campo la oposición lleva las de perder, no sólo por la compenetración emocional de Chávez con amplios sectores populares sino porque queda obligada a luchar contra un fantasma y contra la poderosísima maquinaria de propaganda oficial.Finalmente, el acrecentamiento del mito de Chávez le da la posibilidad de endosar los votos de manera mucho más efectiva. “Debo decirles que cuando de verdad este cuerpo se acabe,  Chávez no se acabará porque Chávez ya no soy yo; Chávez está en las calles y se hizo pueblo, se hizo esencia nacional”, dijo. La enfermedad de Chávez aumenta la posibilidad de éxito electoral del sucesor designado.Por último, si Chávez sobrevive, su retorno tendrá enorme fuerza. No se habrá desgastado por la inercia de un gobierno ineficaz ni habrá sufrido los costos de la campaña. Y podrá reforzar el mito sobre la base de su indestructibilidad. Pero Henrique Capriles ha actuado de manera inteligente. Si durante las primarias de la oposición se cuidó de atacar a Chávez, ahora ha dicho que “a mi contendor, como hijo de Dios que soy, le deseo una exitosa operación, una pronta recuperación y larga vida”. La enfermedad no debe ser tema de campaña.

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