Calidad y educación

Calidad y educación

Julio 31, 2011 - 12:00 a.m. Por: Rafael Nieto Loaiza

La cobertura de la educación en el país aumentó en los últimos dos lustros, alcanzando casi el 100% en primaria y 70% en secundaria. En la educación superior al menos tres de cada diez estudiantes van a la Universidad. No es poca cosa. Y es mérito del gobierno anterior y de Cecilia María Vélez, a quien hay que aplaudir.Pero no es menos cierto que la calidad sigue siendo un desastre. Lo dicen todas las pruebas a las que nos sometemos. La nacional, que se llama Saber, muestra que puntajes de 46 puntos sobre 100 posibles, siguen siendo casi los mismos de hace diez años. Apenas el 5% llega a los niveles altos de calificación. Las pruebas internacionales, Timss y Pisa, comprueban que nuestra educación da grima.En la Timss de 2007 en matemáticas, último año en que participamos, quedamos de penúltimos entre los 59 países que tomaron la prueba. El 70% de nuestros estudiantes estuvo en la parte más baja de la calificación. En la prueba PISA, la más reconocida en evaluación de la calidad en el plano internacional, sólo el 5% por ciento alcanzaron un nivel alto en comprensión de lectura y casi el 80% se ubicó en los más bajos. Si el espanto no fuera suficiente, las pruebas muestran una grave discriminación de género, porque la distancia entre los resultados de hombres y mujeres en lenguaje, ciencias y matemáticas nos hace el país de mayor inequidad; socioeconómica, porque a los estudiantes de los estratos cuatro, cinco y seis les va muchísimo mejor que a los de estratos uno, dos, y tres; y geopolítica, porque los estudiantes de las ciudades alcanza mejores resultados que los de las áreas rurales.Las pruebas ratifican que el nuestro es un país profundamente desigual, que las distancias entre la educación pública y la privada son abismales y que, salvo excepciones que confirman la regla, la calidad de la educación es pésima. Y que, en consecuencia, la educación, no es el motor del cambio social que todos imaginamos. Son fallidas las esperanzas que tantos ponemos en la educación como factor de superación. Una tragedia. La educación pública debe ser especial motivo de preocupación. A pesar de lo que dicen algunos dirigentes sindicales, la distancia entre ella y la educación privada es enorme. La salida para este drama no es nivelar por lo bajo, como proponen quienes pretenden acabar con la educación privada. O como en el fondo buscan quienes, como el Polo en Bogotá, frenan mecanismos de cooperación pública privada como los colegios en concesión. La respuesta está en mejorar la calidad. Ese es el fondo del acuerdo por la educación que, bajo el impulso de Julián de Zubiría, empieza a discutirse. De Zubiría, rector del Instituto Alberto Merani, un colegio que dejó hace varios años de estar focalizado en estudiantes talentosos y hoy promueve las competencias de cualquier que se inscriba (con éxito ya que es la institución privada de mejores calificaciones en el país), fomenta una reflexión profunda sobre la calidad.Y propone un gran acuerdo nacional para conseguirla. Tiene razón en el fondo y en la forma: sin calidad en la educación, todos los esfuerzos son insuficientes; y sin un acuerdo nacional que haga de la calidad la gran prioridad del país, nunca la alcanzaremos.

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