Barack y Baltasar

Enero 30, 2011 - 12:00 a.m. Por: Rafael Nieto Loaiza

Confieso que no entiendo nada. Me devano los sesos y no lo consigo. Algo me ocurre, porque es evidente que para el grueso de columnistas la política exterior del presidente Santos es de maravilla. Si todos están de acuerdo y lo ven con tan meridiana claridad y aplauden como en el Circo del Sol, y yo no le veo la gracia, ha de ser porque mis entendederas están cerradas o porque el juego sutil de las relaciones internacionales está por encima de mis humildes capacidades. O ambas cosas, probablemente. Pero por mucho que intento, no logro comprender. Veamos dos ejemplos recientes, para no repetirme en asuntos ya tratados: en uno, hay lamentos porque el gran jefe del Imperio decide, por fin, visitar al vecindario y se niega a tocar tierras del “aliado más confiable” que tienen los gringos al sur del río Grande. Y a mi, que soy ingenuo o tonto, o ambas cosas, me da por pensar que el que Barack no pare por estos pagos habrá sido consecuencia de que Santos ha paseado por todas partes, incluso para consolar viudas devastadas, y en cambio se ha negado de manera sistemática a visitar Washington DC. Y a que los funcionarios de Cancillería se demoran en responder cuando los llaman de la embajada norteamericana o a que enviamos, a última hora, a funcionarios de segunda a las reuniones convocadas por el Departamento de Estado para examinar la agenda del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, ahora que ocupamos asiento por dos años. En fin, nos quedamos por fuera de un viaje que “brindará una oportunidad para resaltar el compromiso del presidente Obama con los líderes clave del continente”, según explicó el portavoz de la Casa Blanca.En el otro se anuncia que, en cambio, el gobierno está en conversaciones con Baltasar Garzón “para que él nos preste una asesoría en materia de derechos humanos”, según palabras del Jefe de Estado. Según Santos, queremos “ver cómo podemos sobre todo mejorar los procesos para que podamos tener menos impunidad”. De todo nos enteramos no por anuncio oficial, sino porque un diario español filtró la noticia y aquí no hubo forma de desmentirla. Garzón, por cierto, está siendo investigado en tres causas por sus colegas de la justicia española y ha sido suspendido de su cargo por decisión unánime del Consejo General del Poder Judicial. Que esté sub iúdice no parece importarle por acá a nadie. Ni que Zapatero, que no sabe donde colocarlo, esté a las puertas de salir del gobierno, ni que los que habrán de ocupar el palacio de la Moncloa sean los populares que, por cierto, detestan a don Baltasar. Ni que se haya hecho famoso en el caso Pinochet, donde pretendía hacer una aplicación extraterritorial de la jurisdicción española, principio que tendría muchos riesgos, si otros jueces lo aplicaran, para el propio presidente Santos. ¿Remeber el bombardeo a ‘Reyes’ en Ecuador? Tampoco importa que aquí haya expertos en derechos humanos tan buenos y mejores que el juez Garzón, algunos incluso con altísimas posiciones en organismos internacionales. Ni que para combatir la impunidad la solución no está en traer a Garzón, ni en mirar el pasado por un solo ojo, el izquierdo, como quiso don Baltasar al examinar la historia española. La clave para derrotar la impunidad está en hacer una profunda reforma de la administración de Justicia que, no sobra recordarlo, el Gobierno decidió retirar de la legislatura pasada porque son otras distintas sus prioridades.

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