Acuerdo nacional

Junio 27, 2010 - 12:00 a.m. Por: Rafael Nieto Loaiza

Hay momentos que marcan la vida de las naciones. Algunos son resultados de la fatalidad de la naturaleza o de la acción depredadora del hombre. Sin embargo, ocurre a veces que las sociedades, como un todo, por consenso, deciden transitar un rumbo común, y que esa decisión les permite dar un salto cualitativo hacia el futuro. Éste, quizás, sea uno de esos momentos. Y esa, quizás, sea la naturaleza del acuerdo de unidad nacional que ha propuesto el Presidente electo.La circunstancia es propicia. Uribe rescató al país de la debacle, nos liberó del miedo y de la extorsión de los violentos, nos salvó de ser un país ‘fallido’, y nos situó en el sendero de la prosperidad. Sus méritos son muchos, para pesar de sus pocos pero muy enconados enemigos. Y mucho también el agradecimiento de sus compatriotas, como prueba, mejor que cualquier homenaje, la votación abrumadora de Santos.Cumplida la tarea de sentar las bases, las columnas vertebrales sin las cuales no habría convivencia ni progreso posibles, hay que avanzar a paso firme, rápido y decidido. Es aquí donde la unidad nacional juega un papel vital. La propuesta del acuerdo, no lo dudo, responde al talante conciliador del nuevo Presidente. No dudo tampoco que lo muestra magnánimo, generoso en la victoria, holgada como pocas. Y tengo la certeza también de que le es útil, utilísimo, en términos de gobernabilidad. La propuesta de unidad nacional le permitió recoger el apoyo electoral de los distintos partidos, dándole una cobertura programática y evitándole tener que transar la burocracia y caer en el clientelismo. Le sirve, además, para obtener independencia frente a todas las fuerzas políticas de la coalición. Cada una equilibrada por las otras, Santos no depende de ninguna de ellas y, por lo mismo, ninguna puede presionarlo ni someterlo a chantaje.Por eso y por los nueve millones obtenidos en las urnas, el Presidente electo puede construir su gabinete a su antojo. Y lo está haciendo. Los nombres de los ministros conocidos son de tecnócratas de alto nivel, más allá de sus simpatías políticas y sus orígenes regionales. Santos no va a preguntarles a los partidos por candidatos a los ministerios ni se dejará imponer ninguno. La representación burocrática, si la hubiera, sería puramente nominal. Los ministros serán hombres de Santos y sólo a él le deberán su puesto y su lealtad.Pero, insisto, el acuerdo de unidad nacional es mucho más que un mecanismo de gobernabilidad. Es una oportunidad y Santos así lo entiende. El último pacto nacional fue la Constituyente del 91. Tuvo un carácter meramente político y una expresión jurídica en la Carta Política. No niego que hay reformas constitucionales y legales qué emprender en esta nueva etapa. Pero no debe ser esa la sustancia del acuerdo. Éste debe centrarse en definir el curso y las acciones nacionales que son necesarias para dar el salto de la prosperidad democrática que Santos ha ofrecido. Por eso, dejando afuera su participación en el gobierno, el acuerdo es posible y deseable con la oposición y con los independientes.La senda del desarrollo, de la prosperidad, del bienestar de todos, de ser país del primer mundo, es hoy una posibilidad y no una ilusión. A estas alturas, tenemos la potencia. La tarea es ir al acto.

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