Tiene farsa, la ecología

Tiene farsa, la ecología

Abril 02, 2014 - 12:00 a.m. Por: Poncho Rentería

Margarita Marino de Botero, Julio Carrizosa, Pablo Leyva, Soffy Arboleda, Beatriz López, Gardeazábal Gustavo y 287 profesores de Univalle aman la ecología y han soñado un país verde y bien cuidado. Pero no resultó ese sueño, hoy reina la barbarie y nadamos en basuras. El exministro del Medio Ambiente Manuel Rodríguez Becerra, aplicado hijo de Palmira, todos los días vigila la ruina ecologista de Colombia. El domingo en Bogotá le pregunté: ¿Por qué el desastre de Casanare? Y respondió: “Es que para sembrar cien mil hectáreas de arroz usan millones de litros de agua y eso perjudica a miles”. Hay millones de ecologistas de puro ‘show’, dicen ser verdes y botan insecticidas sin son ni ton.No quiero asustarles, pero tendremos pronto un mundo asqueroso, sin agua, sin aire puro y nos aplastarán miles de millones de botellas de plástico. El desastre ecológico en Colombia es descomunal. Hasta hace 25 años yo viajaba a ver a mi madre a Tuluá. Daba pena ver los incendios de los cañaduzales y su aguacero de cenizas. El periodismo en bloque protestó pero los ingenios fueron sordos. ¿Aún cometen esa dañina quema?Leí en El País que en la vía Dagua - Buenaventura hay 147 socavones de los buscadores de oro. Ellos dicen: “Entendeme mompita, aquí me rebusco mis pepitas de oro para comprarle las lentejas a mis siete hijos”. Respetable disculpa pero sufre la ecología cuando son 700 los mineros que hacen su amado socavón. La minería ilegal no respeta pinta, ella barre con lo que encuentre. Pero la minería ‘jai’, la legal de gringos y canadienses, también destruye, riega mercurio y pone dinamita para ganarse millones de dólares. Así es el capitalismo aquí, en Dinamarca y en la Rusia 2014 de Putin que fuera socialista.Hoy tenemos desastre ecológico en el Chocó, la Sierra Nevada y el Casanare. Buena culpa tiene la ineptitud de la burocracia que llega tarde. Es que la ecología en Colombia tiene muchos libros bellísimos a colores pero tiene pocos inspectores que castiguen a los vándalos. Gastamos más dineros en libros elogiando la ecología que defendiéndola. Así no salvamos a Colombia que será ardiente desierto y ustedes y yo y vuestros nietos seremos aplastados por montañas de basura. Pisoteamos la naturaleza y ella ha dicho: ¡No les aguanto más!

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