París ya no es una fiesta

Noviembre 17, 2015 - 12:00 a.m. Por: Poncho Rentería

Nadie olvida la primera vez que conoció París. Nadie olvida la sensación que tuvo al llegar a París. La ciudad soñada, la de la torre Eiffel y la bohemia, la izquierda civilizada, la de Edith Piaf que era borrachita, bohemia y cantaba lindo, era “el gorrioncillo de París”. París era el ombligo del mundo. Oh la-la, oh París, soñábamos con conocerte. A esa novia lejana, esa novia llamada París la conocí a los 26 años cuando pude pagarme el tiquete. Cuando fui el mejor vendedor de equipos de Carvajal & Cía., esa querida empresa de donde me despidieron porque quería volverla Carvajal & Rentería. Gracias a Carvajal & Cía. conocí París, me sirvieron de fiadores para el paquete turístico.París, hace 45 para tomarle una foto a Brigite Bardot que era el mito sexual. Brigite Bardot, te vimos en ‘Viva María’ y te seguimos fieles. París, en los años setenta y ochenta, era la civilización, lo moderno, el existencialismo, el marxismo, la revolución, la izquierda culta, el cine de Yves Montand, de Catherine Deneuve en ‘Bella de Día’. En el sencillito hotel Observatoire de la calle Moscú me alojé y conservé la cartulina para convencerme que sí llegué a París. Ir a París era el sueño de todos los inteligentes que no teníamos papá rico. Los hijos de papi conocían París a los 12 años, para nosotros ese gusto fue tardecito. París era la fiesta. Ahora zumba el miedo, hay temores en el Metro de la Gare de Lyon o en Place Pigalle.Los expertos en París, sus viejos amantes que la han caminado 797 horas, están golpeados, ellos Soffi Arboleda y Jorge Restrepo Potes donde se conocieron. Ellos Alfredo Rey, Carlos Palau, Óscar Collazos, los enamorados de sus calles y bares y Santiago Gamboa que la retrata lucidamente en sus novelas, están adoloridos. También el poeta Jotamario Arbeláez y Harold Alvarado, Diego Martínez Lloreda, Óscar Collazos, Carlos Palau, Sandro Romero, María Elena Doering y Eduardito Escobar están golpeados. Con razón, irrespetaron a su amada París. Entre la tragedia hubo algo amoroso. Un tipo se jugó la vida por rescatar a una mujer que colgada de una ventana de un tercer piso, le pedía auxilio. Pudo caerse pero sacando fuerzas la salvó de una caída mortal. Ese muchacho derrochó nobleza en el mismo sitio que los psicópatas mataron a 145 personas que fueron a escuchar música en el teatro ‘Le Bata-Clan’. Voilá-voilá París.

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad