No se burlen de don Maduro

No se burlen de don Maduro

Septiembre 02, 2015 - 12:00 a.m. Por: Poncho Rentería

En los malos ratos, la risa es saludable. Y toca reír porque hay payasos en el súper-poder venezolano que nos hacen reír. Así nos haya indignado la guachada de don Nicolás Maduro, toca ir a lo cómico. Y muy cómicas fueron las frases, argumentos y explicaciones que en Cartagena nos regaló la señora canciller de Venezuela, doña Rosalía Sánchez. Ella hablaba tres minutos a los diplomáticos y luego, teléfono en mano, salía a pedir instrucciones a Caracas. A doña Rosalía no la culpo, la nombraron Maduro & Cía., y por juiciosa aceptó. Maduro, hoy de paseo por el continente asiático, brindando dizque “por la paz y la hermandad de los pueblos”, logró ganarse el campeonato mundial de “presidente ligerón”. Como si fuera el dictador de una tribu de Nigeria o de Malí en el África profunda, ordenó que expulsaran a miles de colombianos. Ordinario y baratón, ese acto de poder. Toca decir que penoso el papel de la canciller de Maduro frente a la nuestra, María Ángela Holguín que lleva 30 años en la diplomacia. Estuvo en la ONU, ejerció de embajadora en Caracas, conoce los temas. Atérrense, la canciller de Venezuela, doña Rosalía, dijo 15 veces que en la frontera no pasó nada grave, que todo fue un “show mediático” orquestado por la mala intención del periodismo colombiano. Para alegrar a doña Rosalía le acepto que dos columnistas de este diario, Diego Martínez Lloreda y el bogotano Gustavo Gómez, sí han conspirado pidiéndole a don ‘Niko’ Maduro que piense antes de hablar y que aprenda modales, historia y diplomacia. Punto.Estoy por creer que a Colombia la tienen ‘rezada’ los brujos de la mala suerte. Nos caen dramas, tragedias, problemas con el dólar, respiran los volcanes, inundan de petróleo los ríos y estafan a nombre de los pensionados. Atérrense, unos abogados fueron pillados en una pilatuna millonaria de noventa mil millones con trampas en jubilaciones. Ese dineral mucho nos serviría hoy en Cúcuta para recibir a los siete mil expulsados desde Venezuela. Mi madre Beatriz Mantilla Ortiz, era santandereana y licenciada en pedagogía por la Normal de Bucaramanga. Mi abuelo Mantilla, era rector del colegio de Piedecuesta. Por eso estudié en San Gil, Santander, donde conviví con centenas de venezolanos. Tengo amigos en Caracas y Maracaibo con los que he ‘chateado’ y charlado por teléfono estos días. Y me han dicho que Venezuela va en reversa hacia el despeñadero. ¡Aprendamos!

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