Ingrid: una saludable reversa

Julio 14, 2010 - 12:00 a.m. Por: Poncho Rentería

Me fue mal ayer en la peluquería señorera porque intenté defender el patriotismo de Ingrid Betancourt. Las 17 mujeres asistentes, llevadas por la furia, me llamaron estúpido. Maricarmen, la respondona madrileña, hinchada de nacionalismo por el triunfo futbolero de España, me lanzó una frase salvaje: “Al defender a esa habilísima mujer... quedas como un torpe gilipollas”.Defendí a Ingrid Betancourt, pero antes debo opinar del viaje de Caracas a Miami, (sin pagar tiquete y sin visa USA), de un hermano mío que desafió al poderoso ‘imperialismo yanqui’ y perdió. Ya llegó al ‘Correccional Center’, la penitenciaría de la Florida. Allí termina un desafío a la justicia que por décima vez censuro sin que me animen exagerados moralismos. Decidió estúpidamente, este hijo de una sencilla maestra y de un padre arruinado, ser millonario veloz. No oyó mis súplicas, me mandó a la ‘quinta porra’ 87 veces. En cambio, sí escuchó a dos habilidosos abogaditos (maniobradores de escrituras y falsas juntas directivas) que lo embaucaron a construir una exótica clínica y a tener haciendas, hoteles y edificios a nombre ajeno. Esas haciendas, ministro Juan Camilo Restrepo, deben ser expropiadas para que sean cultivadas por honestos campesinos. PUNTO.Está en Miami y lo podrán visitar cada ocho días sus tres graciosas e inocentes hijas que por años atendió poquito. Allí podrá dormir con cierta tranquilidad, leer la Biblia, jugar béisbol y hacerse severas autocríticas por su penosa conducta. Y vuelvo a Ingrid Betancourt. En la peluquería repetí que ella y Yolanda Pulecio buscaban esos quince mil millones por amor a Colombia, por hacer quedar bien al país ante los modistos del jet set parisino, ante Valentino, Gaultier, Lagerfield y Lacroix. Esos US$8 millones eran para comprar en Avenue Foch lujosos trajes de coctel, joyas de Bulgari y Cartier para poner en alto la elegancia de la mujer colombiana al lado de Nicole Kidman y Carolina de Mónaco.Vi por la televisión a Ingrid con Darío Arismendi. Ella mostró con sus gestos, vacilaciones y frases confusas su gran capacidad teatral. Gracias a Darío que la arrinconó, decidió la reversa y olvidar los $15.000 millones que buscaba sacarle a los paga-impuestos colombianos. De su anunciado libro ojalá se olvide. Para que sea exitoso tendrá que lanzar insultos contra gentes buenas de Colombia. Vivir entre Nueva York y París le conviene, ya ganó premios exóticos y miles de dolares. Que descanse Ingrid, que lea los 877 libros que el ‘auto-secuestro’ le impidió leer. Gracias Ingrid por no insistir más en los quince mil millones. Así, logró rebajar la ira nacional. Enhorabuena.

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