Embajadores y chismosos

Marzo 30, 2011 - 12:00 a.m. Por: Poncho Rentería

Si voy al diccionario español de María Moliner se le dice chismoso a aquella persona que transmite algo mentiroso como cierto. Aleluya: el adjetivo chismoso, según los casi ciertos informes del escándalo conocido como ‘Los WikiLeaks’, está tocando a embajadores, a cónsules, a políticos y a diplomáticos del mundo entero por lo que le contaron al oído a los siempre cordiales diplomáticos gringos. Obvio que los embajadores americanos informaban a sus jefes. Fácil imaginarlo: “Embajador, se lo cuento, aquí en Buenos Aires juran que la presidente Cristina Fernández, tiene desórdenes mentales y que su esposo tiene una amante, Amelia Roal”. Tempranito el embajador gringo en Argentina lo reportó a sus jefes en Washington. ¿Hizo mal? Opinen ustedes que son muy inteligentes.Un político colombiano dizque dijo a un diplomático gringo: “Uribe es un terco-vengativo, prepara invasión a Venezuela para tumbar a Chávez que le ha mentado la madre 27 veces por la televisión”. Eso llegó a Washington y algunos lo creyeron. De Virgilio Barco, el embajador gringo en Bogotá informó que él no compraba armamentos porque sabía que las compras tenían sobornos, chanchullos y ají. Bien por Virgilio y bien por el diplomático gringo que lo sopló a Washington.Por un pelo me salvé de ser diplomático en Pekín y me felicito. Ver miles y miles de chinitos es fatigante, los jóvenes son casi iguales étnicamente, ojitos rasgados, pelo liso y flacos como los pitillos. No fui diplomático en Pekín, y me perdí cinco cocteles semanales y de saber cómo roban los chinos en el gobierno aunque allá al que roba impuestos lo fusilan. ¿Se aprobaría una ley en Colombia que castigue el ‘chanchullo’ con pena de muerte? Respondan ustedes que tienen malicia.Es humano que con tres whiskies, algunos embajadores saquen a bailar su picante lengua. Los cocteles diplomáticos son el sitio. Fueron embajadores de Colombia Gustavo Balcázar, Armando Barona, Vicente Borrero y Ramiro Andrade que lo fue en España y en Cuba. ¿Les jalaron la lengua? Seguro que sí, pero no cayeron, bobo es el que cuenta. Tengo un chisme: me regalaron el libro ‘Zig-Zag’ de Julio César Londoño, es burlón, perverso, inteligente, buenísimo. Un amigo político me contaba que el embajador gringo en Colombia Myles Frechet, recibía “información secreta” de periodistas y parlamentarios graduados en antisamperismo, año 1995. Se alegraba ‘mister’ Frechet, le ayudaban en su sueño: tumbar al presidente Ernesto Samper. Bievenidos los ‘weke-likel’ porque los diplomáticos colombianos serán prudentes en Pekín, La Habana y en Madrid; aleluya, allí está Orlando Sardi de Lima que es prudentísimo.

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