El vanidoso los condena

Noviembre 05, 2014 - 12:00 a.m. Por: Poncho Rentería

Vanidad de vanidades y dizque la vanidad tiene nombre de mujer. Vanidosamente un Alcalde, el de Cartagena, y el Gobernador del Valle, dejaron ver su ego vanidoso que, según Lulita Arango, es humano y masculino. Ya lo ven, el lejano a las vanidades Ubeimar Delgado, por ‘imagen’ se autoadjudicó en Telepacífico, los domingos, nueve de la noche, un espacio vanidoso. Allí cuenta, en tono bonachón, sus giras, inauguraciones, aciertos y califica a su gobierno como gran gobierno.Lo vi el domingo y quedé impactado porque él sale en primer plano y nos manda un mensaje político godo-religioso. Algo diciente para un conservador: nos muestra una estatua de María Auxiliadora; otra de la Virgen de Chiquinquirá y una estatua del santo bugueño. Milagroso santo que fijo hará campeón 2014 al Deportivo Cali y salvará al América de otra amargura. El gobernador Ubeimar tiene un parecido en el cuello y los kilos a Winston Churchill, se ve bien en la tele, pero debe bajarle al exitoso optimismo, es que sutilmente nos prometió construir un transporte tipo Metro para Bugalagrande y un estadio olímpico para Guacarí.Vanidad de vanidades. Hoy, por un derroche de vanidad, está en el patíbulo al alcalde de Cartagena, Dionisio Araújo Vélez, quien sintiéndose Sandro de América decidió exprimir la millonaria y costosa visita a Cartagena del Príncipe inglés y su señora la duquesa Halloween. Con cariño la llamo ‘duquesa Halloween’ porque siempre va como para la fiesta del Halloween.El Alcalde cartagenero, en un acto vanidoso, se inventó que el príncipe Carlos y su señora (siempre vestida para el halloween), le fueran a una placa ceremonia, a 30 grados de calor, para unos filibusteros ingleses que murieron en Cartagena. Le resultó un autogol. Ojalá él pague los tres millones que costó ese jolgorio tropical. La visita del príncipe Carlos me importó poquito porque nos salió muy costosa en billete y por ser yo otro de los miles de fans de Lady Di, víctima del machismo principesco.Aleluya, esa vanidad al Alcalde de Cartagena le resultó un harakiri en imagen. Igual para el gobernador Ubeimar quien, a pesar de tener cara de obispo, y cuerpo de obispo veneciano, dejó ver que también lo picó la vanidad. ¡A caraxos, vanidad de vanidades, buenas buenas!

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad