De cocteles y soldados

Septiembre 07, 2011 - 12:00 a.m. Por: Poncho Rentería

En Bogotá se coctelea. Invitan y uno va, es de buena educación. Son divertidos porque si el grupo aburre, uno cambia de ‘parche’ sin despedirse. Ir a una cena y a la derecha tocarle un fatigante presumido kantiano o una mujer súper intensa que cita a Proust sin haberlo leído, puede ser un martirio de 98 minutos. Ahí uno piensa: “Si me hubiera quedado en el apartamento, habría visto a Fellini en la ‘Dolce vita’, y a Anita Eikberg bañándose en la ‘Fontana di Trevi’. Esto me pasa por antojado”.Antenoche, en Bogotá fui a un coctel, mostraba sus óleos la pintora y arquitecta María Carolina Gutiérrez. Allí un general de la Policía me hizo un comentario serio: “En el periodismo fueron tacaños para contar que el patrullero que disparó contra el joven que pintaba paredes artísticas en Bogotá, recogió al herido y, muy angustiado, lo llevó a una clínica; ese detalle tumba la ligera acusación de que el policía salió a matar”. “Cierto General, ese detalle no se contó ampliamente y es muy importante”, le comenté.Al ‘compañero-grafittero’ lo arroparon unas coincidencias fatales porque los agentes de la Policía por radio estaban alertados de que rondaban por esa zona unos asaltantes armados; el ‘Compañero-grafittero’ corrió al ver al agente y éste, en su pánico, disparó. El susto-angustia. Despidiéndome le dije al General: “Cuídese, lo pueden atracar para robarle los botones dorados del uniforme, el atracador no respeta pinta”.Y mataron en Bogotá al soldado William Domínguez que estuvo amarrado por años a un árbol por los secuestradores de las Farc. Descansó. La crueldad de los guerrilleros lo destrozaron psicológicamente, le faltó asistencia médica y un sueldo decente en retiro. Pero no, los sueldos altísimos y autos caros y protecciones especiales son para otros. Falla el Estado con los soldados humildes, pero hay unos ex secuestrados pidiendo millonadas.De final, algo ligerón: la revista Jet-Set que dirige la caleña ‘Yiya’ Guerrero, escogió a los cinco señores más elegantes de Colombia, y se pifiaron escogiendo a Juan Manuel Santos, José Gabriel Ortiz y al marqués Jaime de la Cadena que visten como gerentes de banco de Ibagué. Por eso, los bogotanos que se visten en Londres, en Saville Road, están indignados. Ni me digan envidioso, porque el gringo petulante que contrata Cromos me ha dado dos veces el grato título de ‘Uno de los diez peor vestidos de Colombia’, y no me he molestado ni un milímetro. Opinen: ¿Qué tal lo del policía y el soldado? Aterricen, son colombianos sin ONG, ni padrinos internacionales, son jovencitos humildes.

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