Una decisión valiente

Una decisión valiente

Marzo 26, 2016 - 12:00 a.m. Por: Philip Potdevin

El presidente de Bancolombia Carlos Raúl Yepes acaba de renunciar a su cargo y a las posibilidades de continuar una exitosa gestión en el Grupo Empresarial Antiqueño del cual esta entidad hace parte. Una decisión que sorprendió a muchos cuando Yepes llevaba apenas pocos años al frente y había llegado muy joven a ese cargo. Era una de las joyas del GEA, el ejecutivo joven a mostrar con orgullo. En todas las portadas de las revistas y diarios económicos del país su rostro apareció innumerables veces en los últimos años.Ahora ha sorprendido al mundo empresarial con su intempestiva renuncia. El mismo Yepes ha dicho, que una vez se llega a ese tipo de cargos en el GEA, sólo se puede dejarlo de dos formas: porque se jubila o porque lo echan -casos se han visto y no pocos-; y bien, este brillante ejecutivo optó por una tercera vía, casi inédita en este tipo de entornos y niveles: la renuncia voluntaria, así suene a pleonasmo. ¿Por qué lo hizo? Si damos fe a sus declaraciones, y no parece haber razón para dudar de su honestidad, lo que lo llevó a tomar la decisión es lo más sublime que puede llevar a un ejecutivo a abandonar una carrera organizacional: el recuperar su paz personal y familiar para tener tiempo con los suyos, de ir a cine, de tomarse un helado. La raíz última que lo hizo reflexionar fue haberse cansado de estar enfermo por culpa del trabajo, del estrés, de no querer morir por causa de ese enemigo silencioso que pocos ejecutivos se atreven a admitir: el ‘burnout’ o síndrome de trabajador desgastado, que con frecuencia se lleva cuando no la vida, la salud y la tranquilidad de muchos ejecutivos. A ellos les avergüenza admitirlo y más bien lo achacan a otros males físicos.Y para Yepes no hay dinero, fama, poder, capaz de vencer el placer más sencillo que puede disfrutar un trabajador: el de compartir calidad de vida con su familia y consigo mismo. Ya muchos colegas suyos estarán diciendo en los corrillos, que se reventó, que no aguantó, que no tenía ni la fibra ni la talla. No creo que sea así. Al contrario, creo que tuvo el coraje de reflexionar a tiempo y tomar una sabia decisión. ¿Cuál fue el punto de inflexión? En una entrevista admite que el año pasado, después de una tercera entrada al hospital recibió una carta de su hija en la que decía “quiero que me veas graduar, que me veas casar, que cargues a mis hijos, pero como estás actuando y asumiendo tus responsabilidades ahora no lo vas a lograr”. ¿Qué más razón para dejar a un lado una pesada y desagradecida ocupación como la de ser presidente de uno de los bancos más poderosos de Latinoamérica y dedicarse a lo que es verdaderamente importante en la vida?

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