Made in Cuba

Febrero 09, 2015 - 12:00 a.m. Por: Philip Potdevin

A un mes de anunciarse el fin del bloqueo económico estadounidense a Cuba y el restablecimiento de relaciones entre los dos países comienzan a surgir cuestionamientos más allá de la euforia inicial que generó la noticia. Una delegación de congresistas norteamericanos ya visitó la isla como anticipo de una avanzada comercial. De entrada, la asimetría de poderes en esta nueva etapa que viven los dos países, después de más de medio siglo de bloqueo, es una condición que obliga a la cautela y a sopesar cada decisión por parte del gobierno cubano.Las experiencias de Rusia y China, que migraron hacia modelos de economía de mercados tras el fin de la guerra fría pueden servir de alerta para no repetir lo nefasto; pero por supuesto, esas dos naciones eran y son super-poderes mientras que Cuba ni tiene el tamaño ni la talla para enfrentarse de igual a igual a su nuevo “socio” comercial.La deprimida economía cubana, hambrienta de una inyección de capitales, de inversionistas, de mercados con los que pueda interactuar tiene tantas posibilidades como riesgos en esta coyuntura histórica.Para la economía del país del norte, tener a cien millas de la Florida una fuente de doce millones de personas, mano de obra barata y ávida de fuentes de trabajo es un paraíso. De igual modo, las grandes empresas norteamericanas, europeas y asiáticas no tardarán en poner sus plantas de producción en la isla para atender el mercado gringo si tener que incurrir en los costosos fletes desde China, donde hoy día tienen sus plantas.La industria hotelera, de entretenimiento, casinos y afines, volverá a explotar lo atractivo que es el clima, las playas y el ambiente tropical cubano. ¿Se repetirá la historia de los años cuarenta y cincuenta en la que la isla se convirtió en el sitio de diversión barata, ilimitada y sin las restricciones legales y morales que imperaban en los Estados Unidos? ¿Los vuelos chárter inundarán la isla con turistas santos y otros no tan santos en busca de diversión desenfrenada, como por ejemplo el turismo sexual que azota a los países más deprimidos del mundo? ¿Las maquiladoras cambiarán sus marquillas de Made in China por las de Made in Cuba sin que los compradores conozcan a ciencia cierta las condiciones humanas de los trabajadores de esas plantas, como se descubrió hace unos años en las plantas chinas de telefonía celular?¿Cómo armonizará el gobierno cubano su discurso político con el económico? ¿Qué hará para mantener su dignidad frente al nuevo socio, gigante y poderoso para que esa asimetría no se convierta en fuente de corrupción, desigualdades y explotación del más débil? ¿Cómo no repetir la historia?Hay suficiente materia para análisis que debe redundar en decisiones juiciosas. La inexperiencia del gobierno cubano en el ámbito de la globalización y el neoliberalismo puede resultar cara para sus intereses políticos y económicos.

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