El más alto bien

El más alto bien

Mayo 27, 2016 - 12:00 a.m. Por: Philip Potdevin

Sorprende el nivel de oposición que tienen los acuerdos de paz que se gestan en La Habana. Cada paso que se da para acercarse al fin del conflicto es respondido desde las huestes de los contradictores con descalificaciones que van desde simples puyas hasta el llamado a la ‘resistencia civil’. Comencemos por decir que hay un gran desconocimiento, a veces pienso que intencionado, frente a lo que está siendo acordado. Basta con echar un vistazo, pero más que un vistazo una buena lectura, a los documentos que semana a semana publica la Mesa de Conversaciones en el sitio conjunto en Internet. Es en eso, y solo en eso, en lo que se puede fundamentar un juicio sobre el proceso. Tratar de formarse una opinión a partir de lo que dicen unos y otros, incluidos los medios, que sabemos tienen sus intereses, -muchos, si no la mayoría, triste es aceptarlo, contra el proceso-, es no solo un error ciudadano sino el renunciar a tener una opinión crítica frente al asunto.En estos días se discute el asunto de cómo ‘blindar’ los acuerdos de paz y entonces saltan a la palestra los expertos en derecho constitucional, y los que no lo son, para hacer ver que supuestamente se está violando el Estado de Derecho, la Constitución, el ordenamiento jurídico, y olvidan, o soslayan, que lo que está en juego es algo superior, el bien común de la sociedad, algo por encima incluso de un ordenamiento jurídico hecho para estados de ‘normalidad’, uno que no contempla las formas jurídicas para poner fin definitivo a un conflicto que ya nadie sabe, con precisión, cómo ni cuándo comenzó. Lo que sí es cierto es el impacto que ha generado en la población civil: las víctimas son testimonio elocuente para poner fin definitivo al conflicto, de manera urgente y prioritaria.El ciudadano común es desconocedor de lo que se está desenvolviendo frente a nosotros; eso es una lástima. Hay ignorancia acerca del conflicto, de sus orígenes, sus causas, y sobre todo de las razones para su persistencia, y repito, del impacto general que ha tenido; pero más allá de eso, hay un desconocimiento amplio de los puntos en que ha avanzado la mesa de conversaciones.Solo al adentrarse en los borradores de acuerdos es que se desvela la verdad: lo que se negocia en La Habana, entre muchos puntos, es cómo generar una nueva cultura en el país: una cultura de convivencia, de tolerancia, de seguridad, una cultura política y democrática, una cultura de participación, de paz con justicia social y reconciliación, una cultura de no estigmatización. Eso es la base ideológica sobre la que se fundan y sin que esté en juego el modelo económico capitalista del país, para alivio de muchos. Las Farc renunció, desde un comienzo, a discutir eso, que siempre fue su principal bandera ideológica.Es fácil jugar a criticar, a oponerse, a ser francotirador de la paz; lo difícil, lo desafiante, es saber de qué manera es posible hacer viable la paz, no la continuación del conflicto. Mejor encausar la energía por allí y no en seguir torpedeando tan alto bien común.

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