¿Y si anticipa las elecciones?

Junio 18, 2017 - 07:05 a.m. Por: Pedro Medellín

Al Presidente Santos le pasa lo que a James Rodríguez en el Real Madrid. Por más que se empeñe, por más esfuerzo que haga, ya no tiene cabida. Ya no hay espacio para él. Que es hora de que busque nuevos horizontes, un nuevo destino. Pero a diferencia de James, para Santos el ciclo está cerrado. Lo que tenía que hacer, ya lo hizo. En adelante, sólo le quedan frustraciones.

Ahora es la denuncia en la prensa española de que a su campaña llegaron los dineros de la trama de corrupción del Canal Isabel II, en las elecciones de 2010. Aunque lo niegue, el señalamiento es suficiente. De allí no se repone.

Hoy son más bien escasos los resultados para mostrar. Y no es porque su gobierno sea víctima de una crisis internacional que echó por tierra sus esfuerzos. No. Han sido sus propios errores los que han llevado al país donde está.

Por ejemplo, cuando se produjo la caída de los precios del petróleo, el gobierno Santos ya había malgastado la bonanza que en 2011 superó los 15 mil millones de dólares de inversión extranjera. Fue en 2013 cuando el Gobierno emprendió la reforma al Sistema de Regalías, haciendo participe a aquellos departamentos en que no había proyectos energéticos o mineros. Esa decisión, sumada a la inmovilidad al frente a los bloqueos impuestos en las consultas previas y las consultas populares alteraron las reglas de juego y acabaron con las épocas de las vacas gordas.

Hoy, el Ministerio está desbordado por los hechos. En hidrocarburos, ve inmóvil que en municipios como Cumaral (Meta) las comunidades le dicen no a los proyectos petroleros, en un escenario donde la inversión extranjera no supera los 2.200 millones de dólares en 2016. Y en minería, tratando de ‘formalizar’ a ‘pequeños’ mineros ilegales que trabajan con retroexcavadoras y dragas, cuidados por verdaderos ejércitos ilegales que cada vez tienen más control en estos territorios.

En la política exterior el panorama no es distinto. De crisis y descuelgue institucional. Mientras en Oslo, la Canciller denuncia que las mafias del narcotráfico controlan las zonas de frontera, en Washington el gobierno de los Estados Unidos hace cada vez más explícito el retiro de su apoyo a los Acuerdos con las Farc. No sólo por desconfianza con la Jurisdicción Especial de Paz, sino porque considera que la negociación permitió semejante expansión de las siembras de coca en el país.

Ya distintos medios han sido exhaustivos en mostrar las dimensiones críticas que vive la economía, los impactos produciendo las movilizaciones sociales y los paros cívicos o la situación de inseguridad y violencia que se ha tomado los centros urbanos del país. No quiero insistir en eso.

En medio de la incertidumbre, lo único claro es que el Presidente no logra controlar la situación. Ni tampoco tiene la fuerza política para producir algún resultado que vuelva a entregar el manejo del país. Todavía queda un año y dos meses de gobierno. Y nada permite predecir que las próximas elecciones se vayan a caracterizar por ofrecer garantías a los candidatos y tranquilidad a los ciudadanos.

No se trata de que renuncie, porque ese sería un hecho más traumático. Pero sí podría pensar en tomar medidas como anticipar las elecciones, que ayudarían a reducir los tiempos de incertidumbre. Tiene la ventaja de que no necesita reforma constitucional. Una simple Ley bastaría para cambiar la fecha de elecciones.

Como a James, seguro a Santos le espera un futuro en el que pueda volver a brillar. Pero como Presidente, ya no fue.

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad